El 13 de diciembre nos trae una fundamental enseñanza de nuestro Padre Fundador. En ese día de 1941 pudo celebrar su primera Misa -clandestina- aún prisionero de la Gestapo en la cárcel de Coblenza.
Este aniversario no es un hito formal de nuestra familia pero tiene una vital connotación en cuanto a la fidelidad a lo que verdaderamente importa que nos mostró el Padre Fundador.
De inicio es un claro mensaje sobre la importancia de la Eucaristía, que pone encima de toda otra consideración.
Además, constituye un grito de rebeldía hacia las imposiciones injustas y contrarias a los principios y doctrinas que nortean la expresión de la fe.
Y finalmente, la utilización de los pobres elementos de que disponía, es una muestra de humildad hacia Dios, de quien no tiene oro ni espada; pero pone todo lo que posee al servicio.
Me gusta considerar que en este hecho se encuentra la raíz de la simplicidad y modestia de atavíos y gestos en todas nuestras celebraciones schoenstattianas, en nuestro personal estilo de vida y en el modo en que educamos a los nuestros.


