Mayo y el primer capitalario en Schoenstatt

El mes de mayo sin duda es muy especial para el espíritu mariano. Para nosotros dio inicio a la tradición que tenemos en Schoenstatt de ofrecer obras y buenas acciones a nuestra Madre del Cielo. Pero a la vez, también en mayo pero de 1914, también fue el mes en que la Mater motivó a los jóvenes que posteriormente hicieron su alianza de amor con Ella.

Era mayo de 1914 y los jóvenes congregantes palottinos acordaron con su guía espiritual, el joven padre José Kentenich, que aprovechando el mes de María realizarían acciones para ir formándose para la Congregación Mariana que luego dio nacimiento a Schoenstatt. Se podría decir por lo tanto que lo que conocemos como la “Carta de prefundación” es el primer antecedente de este nacimiento, pero ese mayo de 1914 fue crucial para que la Mater comience a conquistar los corazones de esos jóvenes.

Haciendo un análisis de esos tiempos  el Padre Kentenich escribía luego (en 1927): “(En ese tiempo) mi mayor preocupación no era profundizar en la formación mariana, como conducir a los muchachos hacia la iniciativa personal. Incluí la devoción mariana porque era esencial  para la Congregación Mariana… (…) Luego llegó mayo y, con él, un cambio total. Yo observé el efecto pleno de gracia que tuvo la devoción mariana en los muchachos por lo que yo mismo me convertí en un devoto de María. Después, todo creció a partir de la devoción a María… Yo mismo crecí espiritualmente junto a mis muchachos”*

LAS “FLORES DE MAYO”, EL PRIMER CAPITALARIO

Un año después, en mayo de 1915  (ya se había realizado la alianza de amor en octubre de 1914) surge el primer escrito que refiere a lo que hoy en Schoenstatt conocemos como Capital de gracias. Los jóvenes habían trabajado en ofrecimientos, sacrificios a María, y con la llegada de su mes decidieron que debían hacerlo de manera tangible. Fue así que la creatividad llevó a lo que fue denominado “Las flores de mayo” que es atribuída a José Engling. Esta entrega a  María consistía en que habían dos cajas a los pies del altar en el Santuario. “Una estaba llena de papelitos enrollados. En cada papel había escrito un “sacrificio” para la semana siguiente. Por ejemplo: Mantener mi colchón de paja ordenado, mantener el baño limpio, dejar mis libros en orden, subir las escaleras en silencio, aceptar el pan en el desayuno tal como viene (…), hacer bien las tareas de la casa (como barrer y limpiar), (…) levantar la basura y ponerla en el papelero, y otras cosas por el estilo que eran parte de una casa y una vida ordenadas”, además de otras tareas como vía crucis, oraciones y rosarios. **

Este recuerdo del P. Alfonso Weber menciona posteriormente que “Los domingos por la mañana, después de la misa principal, los estudiantes iban al Santuario, tomaban su “Flor de Mayo” de la caja, la volvían a enrollar y la dejaban en la otra caja”.  Algo que en la misma casa de estudios aseguraban que llevó al renacimiento de la vida vocacional de los estudiantes.

No podemos dejar de recordar que el “Capital de gracias” es mencionado en el propio documento del acta fundacional, del 18 de octubre de 1914: “Tráiganme con frecuencia contribuciones al Capital de gracias. Adquieran por medio del fiel y fidelísimo cumplimiento del deber y por una intensa vida de oración muchos méritos y pónganlos a mi disposición. Entonces con gusto me  estableceré en medio de Ustedes y distribuiré abundantes dones y gracias.”

Podemos concluir que indefectiblemente el mes de mayo realmente marcó la vida de los primeros shoenstattianos, los interpeló y de motu proprio los hizo llevar a la práctica su amor por nuestra Madre Tres Veces Admirable en innumerables acciones. El amor que se demostró de forma tangible.

(El libro “Héroes de fuego, ardieron hasta consumirse” del P. Jonathan Niehaus puede ser adquirido en la Librería de la Familia).

*Jornada sacerdotes 1927, p.12. Citado en Héroes de Fuego, P. Niehaus

** Recuerdos del P. Alfonso Weber en HUG (texto), p. 76.Citado en Héroes de Fuego, P. Niehaus.


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