La frase que recuerda de su primera charla fue: “Sea usted fiel a la alianza de amor con la Virgen Santísima y siempre le irá bien en todo”.
Los orígenes de nuestro movimiento en Paraguay se remontan a un reducido grupo de jóvenes entre los que se encontraban los estudiantes Antonio Cosp y Claudio Giménez. Ambos tuvieron la dicha de conocer y conversar en algunas ocasiones con el padre José Kentenich durante su formación como seminaristas. Monseñor Claudio ofreció una distendida charla sobre sus vivencias con el Padre Fundador, la misma se realizó el pasado 15 de marzo en el Santuario Joven.
“Sea vuestra Patria tierra santa, mariana, schoenstattiana” fue la dedicatoria que el Padre Fundador dejó por escrito en una foto al entonces joven estudiante Claudio Giménez. “Es una frase para todos, nadie puede decir que no tiene nada que ver (…) de ninguna manera yo tomé esto como algo personal exclusivo”, dijo monseñor al tiempo de mencionar que esas palabras están dedicadas a todos los que conforman el Movimiento de Schoenstatt en Paraguay. En la fotografía, tomada el 29 de marzo de 1966, se nota al Padre Fundador junto al padre Esteban Uriburu que oficiaba de traductor y a un “cabezón” como se llamó a sí mismo Monseñor Giménez. Un alemán había hecho la toma gráfica y se la obsequió al joven paraguayo. Fue la presentación y el primer saludo con el Padre.
El 18 de julio de 1966 se realizó la aceptación en la comunidad de manos del Padre. Todos los seminaristas de ese entonces fueron recibidos allí. Era la aceptación en la comunidad de los padres de Schoenstatt que estaba en ese momento en formación.
LA PRIMERA CHARLA
Después del saludo y la aceptación en la comunidad vino la primera charla con el Padre. De ese día existe una sola foto. La historia de la fotografía es un poco particular porque apareció por casualidad en una reunión en Alemania luego de la muerte del Padre Fundador, la había sacado un sacerdote de ese país y no sabía quién era el que aparecía en la misma, el seminarista Claudio se reconoció automáticamente. Era el registro de cuando ayudó como monaguillo en una misa oficiada por el Padre Fundador y a la vez del primer día que pudo charlar con él.
Ese joven seminarista no perdió detalle mientras lo ayudó en la misa ese 23 de setiembre de 1966. Comentó que primero le tocaba desayunar con el Padre José Kentenich y que se encontraba muy nervioso, al punto de que no podía comer nada, habló con él sin saber alemán y lo ayudó como monaguillo en la misa que celebró el fundador. El ahora monseñor asegura que notó que el Padre Kentenich era una persona sencilla, no exageraba en los gestos, se concentraba cuando debía hacerlo y que enseñó a ser naturalmente sobrios.
Monseñor causó una risotada cuando confesó que en ese entonces le costaba mucho el idioma alemán porque hacía pocos meses que había llegado a ese país y que un sacerdote de Florencio Varela les “mintió de pe a pa” haciendo gala de un librito denominado “El alemán sin esfuerzo”, que no le sirvió de nada. Algún día lo voy a encontrar en el cielo a ese sacerdote y voy a hablar con él, dijo.
En ese primer encuentro tuvo la oportunidad de charlar con el Padre Fundador, pero se sintió un poco impotente, porque intentó la comunicación en un inglés poco favorecedor y posteriormente intentó hilar frases en alemán, pero era muy complicado. Finalmente la comunicación se dio en un latín pausado mientras el padre José sonreía con mucha paciencia y el joven Claudio terminó hablando en español y anotando lo que le dictaba y repetía el padre. La frase que recuerda perfectamente fue: “Sea usted fiel a la alianza de amor con la Virgen Santísima y siempre le irá bien en todo”, así concluyó la primera charla que tuvieron.
REZARON CON EL PADRE
Tres meses después, el 30 de diciembre de 1966 los seminaristas Antonio Cosp y Claudio Giménez estaban muy preocupados por la manera en que se iba apagando el Movimiento en Paraguay. Los jóvenes que lo iniciaron comenzaron a casarse y lo fueron dejando de lado debido a que en ese momento no había asesoría y tampoco sacerdotes. La preocupación era tal que estos dos jóvenes paraguayos se acercaron y pidieron al Padre Fundador rezar una oración y entregarla en pos del resurgimiento de Schoenstatt en Paraguay. La oración que rezaron fue la consagración Inscriptio que la leyeron de sus respectivos “Hacia el Padre” en el original idioma alemán. Cuando le mencionaron al Padre lo que querían rezar, el mismo se puso de rodillas en el acto y ellos quedaron sorprendidos, hasta que lo acompañaron de la misma manera.
INSCRIPTIO
Padre, hágase en cada instante
lo que para nosotros tienes previsto
Guíanos según tus sabios planes,
y se cumplirá nuestro único anhelo.
El ideal para el cual tu amor nos creó
esté presente ante nuestros ojos
y plasme íntegra nuestra vida;
por él lucharemos con todas las fuerzas.
Danos, Padre, arder como un fuego vigoroso,
marchar con alegría hacia los pueblos
y, combatiendo como testigos de la Redención,
guiarlos jubilosamente a la Santísima Trinidad.
Cuando terminaron de rezar el Padre Fundador les dio la bendición a los dos y les dejó a cada uno una dedicatoria en sus libros. A Antonio Cosp le escribió “Incendien el mundo” y a Claudio “Estoy contigo eternamente”, seguido de un poco legible “Mater perfectam habebit curam”.
MANTUVO DOS ENCUENTROS MÁS
Para el 23 agosto de 1967, mencionó, los estudios iban bien ya se podía comunicar bien en alemán. En esa fecha todos los seminaristas tuvieron la oportunidad de charlar por media hora con el padre Kentenich en un retiro especialmente dedicado a ellos.
En ese mismo año, pero en el mes de octubre Claudio se encontraba nuevamente en Shoenstatt con la excusa de realizar un estudio sobre José Engling. Conoció a unos seminaristas irlandeses a los que él acompañó a reunirse con el Padre José. Antes lo vió en el balcón y le avisó que vendría junto a él. Se presentaron, conversaron y después desayunaron juntos. Comenta que el Padre tuvo en todo momento pequeños gestos de delicadeza haciéndole participar de la conversación de la que cada tanto se sentía un poco excluído.
Finalmente 15 de setiembre de 1968 estaban desayunando los seminaristas encargados de los peregrinos cuando un alemán se acerca y avisa sobre el fallecimiento del Padre Kentenich tras oficiar una misa. Él fue hasta el lugar con el padre Humberto (Anwandter)y primeramente quedó muy impresionado, no podía ingresar al lugar, habían llegado una hora después del fallecimiento del fundador. Al sitio donde se encontraba el cuerpo del padre ingresó primero el padre Humberto y le dio un beso en la frente. Luego de unos minutos ingresó él y le tomó de la mano, menciona que colocó el pequeño libro de oraciones “Hacia el Padre” en las manos del Padre Kentenich y recuerda que en ese emotivo momento le hizo la siguiente promesa: “Padre, yo me voy a encargar de tu familia”. Monseñor Claudio Giménez mencionó finalmente que el Padre Fundador “no es el fin, es el medio, es la escalera que nos acerca a Dios”.


