Esta expresión es un legado del Padre Fundador que nos hace recordar la importancia de captar las mociones del Espíritu y comprender bajo la mirada de Dios los acontecimientos del tiempo que vivimos. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo le tomamos el pulso al tiempo?
Comencemos entendiendo que el tiempo es un elemento siempre presente en los planes de Dios y todos vivimos en dos zonas de tiempo—lo temporal y lo eterno.
Los antiguos griegos tenían dos palabras para definir el tiempo, chronos y kairos. Mientras que el primero se refiere a la cronológica, a la sucesión de instantes, el segundo significa un momento de tiempo en el que todo sucede. Kairos es la “plenitud del tiempo”, la zona de tiempo de Dios.
Notamos esto en la epístola a Tito: “Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios…la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los tiempos (chronos), y a su debido tiempo (kairos) manifestó Su palabra…” (Tito 1:1-3).
Kairos se refiere a períodos especialmente seleccionados en la determinación divina. Opera dentro del tiempo humano profano, pero principalmente como el foco de cumplimiento de los propósitos finales de Dios. Ese momento de tiempo en que todo sucede…
Una mañana hace varios años, mi padre despertó sin poder realizar algunos actos simples como afeitarse o hilar algunas ideas sencillas. Nos asustamos y decidimos llevarlo a un sanatorio. Lo ayudé a vestirse y con mucho cuidado lo afeité, porque a él no le gustaba estar desaliñado. Una vez internado lo revisaron varios especialistas y concluyeron que había sufrido un pequeño ACV, nada de gravedad como para preocuparse… en un par de días regresaría a casa. Esa misma tarde yo debía viajar al exterior, así que lo dejé en el sanatorio y fui a casa para terminar algunas cosas. Volví minutos antes de viajar y le di a mi padre un rápido beso mientras me despedía con la frase: “nos vemos en una semana…” A los 4 días recibo un llamado que me avisa que él había fallecido.
Recordé que mientras lo afeitaba podía ver en sus ojos cierto temor e inquietud y solo atiné a pensar que ya se le pasaría. No pude leer lo que acontecía, no pude entender que ese era un tiempo kairos para nosotros dos; que debía estar a su lado todo el tiempo chronos que fuera necesario.
Es crucial saber leer el tiempo en esta época en que la vida fluye muy rápido. Los cambios profundos que antes tomaban décadas o generaciones, ahora se suceden en el espacio de meses o años. Eso acarrea el grave riesgo de que el hombre pierda su lugar y su referencia del tiempo kairos, y en esa carrera del tiempo chronos deje de comprender dónde está, hacia dónde va y solo sobreviva. El padre H. King lo explica claramente: “La casa y hogar del hombre culturalmente nuevo es el tiempo. El hombre viejo vivió más en y con la naturaleza. Su tiempo fue más el tiempo del año natural y eclesial. Sin embargo, el acento hoy queda desplazado para siempre hacia la historia y el tiempo. Se torna tarea importante tener casa y hogar en el tiempo y echar raíces profundas en él”.
El discípulo del Padre Kentenich que asume como propia la cosmovisión schoenstattiana, que está entregado a la divina providencia y se sabe instrumento, no vive su día a día como una sucesión de tiempo chronos; confía en que la obra de Dios es siempre magnífica y siempre nueva, se sabe cocreador y vive cada momento como un kairos, donde Dios irrumpe visiblemente y a cada instante en nuestro tiempo personal según Su perfecta voluntad; es allí donde debemos tomar el pulso. Ésta es una razón por la cual la vida con Dios es tan emocionante, y la forma en que nos prepara Schoenstatt para entender al Dios de la creación, a su tiempo y sus voces nos dá la posibilidad y la tarea de ser conspicuos analistas e intérpretes de lo que sucede.
“La convicción de haber nacido por exigencias del tiempo y de estar llamados a dar respuestas a problemas y necesidades del tiempo vive en toda la Familia de Schoenstatt…De este modo cae luz clara sobre nuestra marcada sensibilidad en cuanto a las corrientes y preguntas del tiempo, del espíritu positivo y negativo del tiempo; en una palabra de las voces del tiempo como intérpretes de la voluntad divina, con sus exigencias y prohibiciones”. (P. Kentenich: Estudio 1952/53)
-Lo primero que necesitamos entender sobre el tiempo de Dios es que es perfecto, así como todos los caminos de Dios son perfectos (Ec 3:1-8; Gálatas 4:4). Los acontecimientos son lo que deben ser en el momento que deben ser… interpretarlos es el desafío.
-Otra clave para descubrir el tiempo de Dios es la confianza. Cuando confiamos en Dios con todo nuestro corazón, renunciando a anteponer nuestra comprensión limitada y equivocada de las circunstancias, es cuando entendemos cómo a través de todos los sucesos, incluyendo las pruebas difíciles, Dios obra para bien de los que ama (Romanos 8:28).
-El padre Kentenich también hablaba mucho sobre el momento en que se abre una puerta –la ley de la puerta abierta lo llama-. Debemos analizar qué puertas se estan abriendo y qué camino nos muestran, qué opciones presentan.
-Las corrientes de vida son también voces del tiempo, busquémoslas. El P. Fundador eligió conscientemente la palabra “corrientes” porque son fuerzas que, comenzando en el propio corazón, arrastran a las personas. Una corriente se produce cuando la comunidad la percibe y con magnanimidad y libertad la realiza convencida de lo que tiene que hacer. Por ejemplo, hace años existe una corriente ecologista a la que muchos se adhieren y que está cambiando a los hombres y la política.
Para tomar el pulso al tiempo en que vivimos, nos ayudaría sentarnos con tranquilidad y listar las oportunidades y las amenazas que vemos hoy; en lo personal, en lo familiar y en cuanto a la sociedad toda. Solo para poner un ejemplo, tal vez hoy podríamos ver algo así:
| Amenazas | Oportunidades |
| El ataque al concepto natural de familia
(¿Que le enseñan a mis hijos?) |
Un nuevo santuario filial (¿Encarnación? ¿Luque?) |
| Secularización. Desaparición de los valores y comportamientos que se consideran propios o identificativos con nuestra confesión religiosa | Elecciones generales y nuevo gobierno
(lucha contra la corrupción) |
| Alteración del equilibrio ecológico | Nuevos apostolados que asumir |
| Drogadicción | El mensaje del Papa Francisco |
Una vez conscientes de las amenazas y oportunidades que nos presentan a estas horas, debemos echar mano a una herramienta fundamental para santificar nuestro tiempo: la oración.
San Benito, al reunirse siete veces a lo largo del día para orar, quiso dar a los monjes benedictinos una sensibilidad especial del tiempo. Esa oración que interrumpe el tiempo del trabajo no lo perjudica sino que lo santifica.
Pidamos al Señor esa sensibilidad especial del tiempo a través de la oración; que nos ilumine la luz de Su Espíritu con entendimiento para ver el camino que se nos presenta, consejo para entender aquello que vemos y fuerza para llevarlo adelante.


