Queridos hermanos celebramos la memoria de San José Obrero. La festividad más importante del año litúrgico en honor a San José es el 19 de Marzo, pero hoy (1º de Mayo del 2020) también se lo conmemora, destacando especialmente su ser y tarea como trabajador, en su función de ser cabeza de la Sagrada familia. Hoy en día, por causa de la pandemia del coronavirus, estamos siendo muy probados en cuanto a la salud, pero también en todo lo que significa el trabajo, la economía, el sustento cotidiano para millones de personas y familias aquí en Paraguay y en el mundo entero. Por eso, creo que la persona y la intercesión de San José pueden ser una gran ayuda, un ejemplo luminoso para todos nosotros en estos momentos.
1) San José nos enseña a vivir confiados en la Divina Providencia. Es fácil confiar cuando todo nos va bien. En la vida de José hay momentos de oscuridad y su fe fue puesta a prueba. Como sabemos por los Evangelios, San José pasó por momentos difíciles pero supo abandonarse dócilmente en las manos del Padre Providente, aunque no entendía la situación o le podría haber costado lo que sucedía. Pensemos cuando preparaba seguramente con tanta ilusión su boda con María y se encuentra que ella está embarazada y no era él, el padre de esa criatura. Dios actúa y San José cree en ese mensaje del ángel en sueños: “no temas tomar contigo a María como esposa” (Cfr Mt 1,18-24). Luego, más tarde, surge la obligación de censarse en Belén, tiene que partir con María embarazada y allí, lejos de su gente y de su tierra de Nazareth, se produce el alumbramiento del niño, sin tener ni siquiera un lugar digno para que María pudiera dar a luz, pues el Niño nacerá en un establo de animales (Cfr Lc 2,1-20).
O más todavía: pensemos en las circunstancias dramáticas de tener que escaparse como criminales perseguidos, a Egipto (Cfr Mt 2,13-18), a un país lejano, y buscar allí dónde y cómo vivir, dónde trabajar… se trasladaron allí sin tener contactos ni parientes, siendo extranjeros y desconocidos. ¡Lo duro que habrá sido para José y María esos momentos!
San José nos enseña a confiar y dejarnos guiar por la Divina Providencia. El Padre Eterno nos guía, el Padre nos cuida. Seguramente, la fe y la confianza, la ternura de María, habrá sido para José un sostén y una ayuda insustituible en esos momentos de pruebas… ¡Qué privilegio contar con María como apoyo en esas circunstancias tan duras!
Hoy también vivimos situaciones dramáticas. Millones de personas han perdido el trabajo en estos momentos… o no pueden aún trabajar y no tienen cómo traer el pan a su casa… o tenemos que trabajar en situaciones distintas, desafiantes, para las que no estábamos preparados… aún en esta prueba tan difícil, debemos confiar en el Dios Providente. José nos enseña, José nos ayuda. Cuando Jesús, ya adulto, enseñará que debemos confiar en el Padre Providente, que da de comer a los pájaros y se encarga de las flores del campo, seguramente lo habrá aprendido de pequeño al ver la fe y la actitud de San José y de María.
El Padre Kentenich nos enseñó a tomar a San José como ejemplo de esa docilidad a los planes de la Divina Providencia, sobre todo, en los momentos de oscuridad. Un gran Santo y admirador de San José, el Papa Bueno, San Juan XXIII, escribe en su célebre decálogo de la serenidad: “Solo por hoy creeré firmemente -a pesar que las circunstancias me muestren lo contrario- que la buena Providencia de Dios se ocupa de mi como si no existiese ningún otro ser en el mundo”.
2) San José nos enseña a tomar el trabajo como un camino de santidad. Pensemos en el trabajo como lo estamos haciendo en este tiempo, y también en ese trabajo cotidiano de las cosas de la casa. San José vivió esas actitudes que describe Pablo en su Carta a los Colosenses que escuchamos hoy: “Vivan en acción de gracias”. “Todo lo que puedan realizar, háganlo en nombre del Señor” (Cfr Col 3,14-15.17; 23-24).
Muchas horas de nuestras vidas las dedicamos al trabajo. El trabajo nos dignifica, nos humaniza, nos hace más seres humanos y personas, siempre que sea un trabajo digno y humanizante. Pero también, para nosotros, los creyentes, el trabajo es un camino verdadero de santificación, como lo fue para San José. Estamos llamados a poner lo mejor de nosotros, nuestros talentos y aptitudes, para ganarnos el sustento, por el bien de los demás y también para agradar y dar culto a Dios.
San José le enseñó a Jesús su oficio y por eso era llamado el “hijo del carpintero” (Mt 13,55) Trabajando codo a codo en la carpintería, José y Jesús, y María en las tareas del hogar, ellos daban culto y adoración a Dios, como nosotros lo debemos hacer con nuestro trabajo. San José es nuestro modelo.
3) San José nos enseña a tomar el trabajo como una expresión de nuestro amor a los demás. Él hacía su trabajo como un gesto de amor por su querida esposa y por Jesús. Lo hizo así durante toda su vida…
Así debe ser también nuestro trabajo: una expresión del amor a nuestra familia, a nuestros hijos, a los demás, a la sociedad. Para muchas personas el trabajo es sola y exclusivamente un medio para enriquecerse y llenarse de dinero; para otros, un medio para tener poder y prestigio. Esos son alguno de los móviles por los que realizan todo lo que hacen, San José, en cambio, en su humildad, nos enseña a hacer el trabajo, movido por el amor: “cualquiera sea su trabajo, háganlo de todo corazón” (Col 3,23).
Hoy vemos a San José de modo particular en todos los médicos y personal sanitario en el mundo entero, que con mucha entrega, se juegan por los demás y cuidan de los demás, como él lo hizo con el Niño y su Madre. Cuánto heroísmo, cuánta entrega, cuánta abnegación. Creo que de modo especial, también lo vemos a San José en los maestros y docentes, al recordarlos su día. No es nada fácil llevar adelante su vocación y su trabajo en estos momentos de dificultades.
Que San José nos enseñe a confiar en la Providencia, a tomar nuestro trabajo como un camino de crecimiento y santificación y una expresión del amor a los demás. Que así sea.


