Con esta Eucaristía (domingo 5 de abril del 2020) en la festividad del Domingo de la Pasión del Señor comenzamos la Semana Santa en todo el mundo. El Domingo de Ramos es como una Puerta por la que entramos a vivir esta semana que es la semana más santa, la más importante para nosotros los cristianos pues conmemoramos y celebramos el misterio central de nuestra fe: la pasión del Señor, su muerte por amor en la cruz y su resurrección gloriosa en el día de Pascua.
Ahora bien, ésta será una Semana Santa muy especial, diferente, muy extraña para todos nosotros. Ninguno de nosotros, jamás en nuestra vida, ha vivido una Semana Santa así. Por lo general, esta Misa de Ramos, es una misa multitudinaria, con mucha gente, como quizás sucede en la misa del Miércoles de Cenizas o en Navidad. Y esta vez somos pocos… nosotros (acá los Padres) y no la podemos celebrar junto con ustedes físicamente; ustedes la deben seguir espiritualmente desde sus casas…
Esta semana santa será muy especial por todo lo que estamos viviendo ¿A qué nos invita el Dios Providente viviendo esta Semana Santa única, tan particular, con lo que está pasando en el mundo?
1) Creo que es una semana en la que Dios nos está llamando fuertemente a que entremos dentro de nosotros mismos, dentro de nuestro corazón para escuchar su voz, para encontrarlo a Él allí. Para muchos cristianos, la Semana Santa con el paso del tiempo, se fue volviendo solamente un tiempo de vacaciones, una ocasión para viajar, para irse a todos los shoppings que puedan; una semana de relax, o una mera ocasión para visitar parientes en el interior o en otros lugares… Y ahora todo eso no se podrá hacer, nada de eso, debido a la cuarentena ¡Y ojalá que lo cumplamos en serio, que nos tomemos muy en serio esta cuarentena! Y ésto no solo nos sucede a nosotros, sino que está pasando con toda la humanidad…
Esta quiere ser una semana en la que estamos invitados, y diría más, casi “obligados” por estas circunstancias, a entrar dentro del Santuario de nuestra alma, de nuestro corazón y a vivir una semana santa más marcada por la oración, más orientada a la interioridad, a escuchar dentro de nosotros esa voz de Dios que nos llama con su Palabra de Amor.
En este contexto, pienso en los jóvenes, también: ésta es una semana en la que muchos salen a misionar, a llevar y anunciar la Palabra de Dios a tantos lugares donde viven las celebraciones litúrgicas de estos días santos. O en tantos otros que hacen retiros, participan de la Pascua joven… (algunas cosas podrán seguirlas por medio de los medios y redes sociales…pero otras no). Sin embargo, detrás de todo esto podemos ver la mano de Dios. Quizás no tendremos oportunidad de estar más activos, de hacer y preparar nosotros las cosas para los demás, pero sí Dios mismo nos prepara a nosotros esta Semana Santa con todo lo que estamos viviendo. ¡Dios nos prepara un retiro! Una semana en que Él nos llama más al silencio, a la reflexión, a entrar en ese Santuario de tu propia alma donde reina Dios y que quizás habías descuidado (recordemos la experiencia del gran doctor de la Iglesia, San Agustín, cuando afirma en sus célebres Confesiones: “¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! El caso es que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y fuera te andaba buscando…”, Confesiones, Libro X, 27, nº38).
2) Esta es una semana en la que Dios nos quiere llamar fuertemente a la conversión. Al inicio de esta cuaresma, el miércoles de Cenizas, se nos marcó la frente con una cruz y se nos dijo: “conviértete y cree en el Evangelio”. Todo lo que está sucediendo a consecuencia de esta pandemia, todo lo que nosotros mismos estamos viviendo, o viendo que ocurre, todo es un llamado a una conversión profunda… ¿Qué significa convertirnos? Conversión es volver a Dios, es dejar aquello que me y nos separa de Dios, el pecado, y dejarnos abrazar por el Amor Misericordioso del Señor.
Nos podemos preguntar, con todo lo que estamos viviendo: ¿En qué yo personalmente me debo y quiero convertir? ¿Qué cosas quiero y debo cambiar en mi vida? ¿A qué cambio radical Dios nos está llamando no solo a nivel personal o familiar, sino también a nivel social, y mundial?
Ojalá que para cada uno de nosotros esta semana, sea una “Semana Santa” de verdad y no solo de nombre. Ojalá que Dios sea realmente el centro de esta semana, que lo busquemos a Él, que lo escuchemos más a Él, que nos decidamos más en serio a seguirlo a Él, en su camino de amor hasta la cruz, para resucitar con Él en la Pascua. Que nos enamoremos más de Él, que nos confiemos y abandonemos más, como niños, en sus manos. No nos llenemos de series, no perdamos el tiempo, no caigamos en la ociosidad o en estupideces… ¡Vivamos en serio santamente esta Semana Santa!
3) Creo que Dios también nos llama a que vivamos esta semana más en familia. Estamos “obligados” a estar en casa por la Cuarentena. Pero veámoslo como una oportunidad. Quizás como nunca vamos a poder celebrar la Semana Santa más juntos y sin tantas cosas que nos puedan distraer o disipar… Sigamos en familia los días santos, las oraciones, las celebraciones, haciéndolas en nuestra casa. No podemos ir al Santuario, a las Iglesias, a las parroquias…pero nuestras casas son más que nunca “Iglesias Domésticas” en este 2020. ¡Vivamos esta Semana Santa más en familia, en cuarentena! En casa, bien unidos a Jesús que nos dijo: “Donde 2 o 3 están reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).
4) Queridos hermanos. En el Domingo de Ramos Jesús se encamina a Jerusalén para vivir su Pasión. Él lo hace conscientemente. Con lúcida libertad y por un amor infinito, se decide a cumplir la Voluntad del Padre: “He aquí que vengo, Padre, a hacer tu voluntad” (Hb 10,9). Para eso nació y se hizo hombre, para esto vino al mundo, para dar su vida por amor en la cruz y salvarnos.
Hoy Jesús, en este tiempo, revive su pasión. En tantos enfermos que padecen el coronavirus en el mundo entero, en tantos agonizantes que viven sus últimos momentos, en tantos que deben sufrir la soledad, el abandono o el aislamiento, el hambre, la necesidad.
Hoy Jesús revive su pasión y su entrega en miles de personas que dan su vida para ayudar, sanar, socorrer, consolar, acompañar, proteger… “En sus llagas hemos sido sanados” (Is 53,5; 1Pe 2,24). Jesús viene a sanarnos, Jesús viene a salvarnos, Jesús viene a darnos esperanza y vida. Dejemos que su Gracia nos transforme, nos convierta, nos llene. ¡Abramos las puertas de nuestros corazones al Rey que viene! ¡Hosanna, Bendito el que viene en nombre del Señor!
Amén.


