Agradecer por las alegrías

Queridos hermanos:

Este 4º Domingo de Cuaresma (Domingo 22 de Marzo 2020) se conoce con el nombre de Domingo “Laetare”, una palabra latina que significa: “Alégrense”. La palabra se toma de la antífona que pronuncié al inicio de la santa misa: “Alégrense”. El color rosado de estos ornamentos se usa para este Domingo. ¿Y por qué se nos invita a la alegría? Porque en el camino cuaresmal que estamos recorriendo, la Liturgia nos invita ya a vislumbrar la Pascua más de cerca, y por eso, a alegrarnos por el triunfo del Señor sobre el mal, sobre la oscuridad de la muerte, sobre la tristeza del pecado…

Ahora bien, no es para nada fácil hablar de alegría en estos momentos en que como humanidad, en todo el planeta, estamos amenazados por esta pandemia del coronavirus a nivel global. No es fácil hablar de alegría cuando vemos los miles de enfermos que padecen en los hospitales; los que han muerto y siguen muriendo por esta enfermedad; no es fácil hablar de alegría cuando sentimos temor, preocupación, ansiedad, respecto al presente y al futuro; nuestra propia vida está en juego… cuando no sabemos cómo seguirá todo, cuando se desacomoda toda nuestra existencia… no vamos a trabajar… o no sabemos qué pasará con el trabajo; los chicos y jóvenes sin clases; no es fácil tener que hablar de la alegría cuando estamos respirando este aire de encierro, de aislamiento por la cuarentena, cuando no podemos llevar una vida normal como la que hacíamos días atrás…

De todos modos, queridos hermanos, en este domingo quería invitarlos a que dejemos que la alegría, que nos da Jesús y que ES Jesús, pueda iluminar nuestros corazones, como hizo con el hombre ciego del Evangelio que escuchamos hoy. Quería invitarlos a agradecer por todo aquello que nos causa alegría, aún en medio de estas pruebas:

1. Jesús es la fuente de nuestra alegría. El ciego de nacimiento se encuentra con Jesús, experimenta la curación de su ceguera, lo puede ver con sus propios ojos, pero también lo reconoce como el Mesías, el Hijo del Hombre: “Creo Señor, y se postró ante él” (Jn 9,38). Pensemos en la alegría que debe haber sentido este hombre: la alegría de poder ver, y más aún, la alegría de encontrar a Dios en Jesús, la alegría de la Fe.

Esta alegría es la que queremos pedir hoy al Señor Jesús. Una alegría serena en nuestros corazones, aunque estemos en medio de la prueba y de la tormenta. Es la alegría de un San Francisco de Asís, que incluso en medio de terribles dolores por su enfermedad y practicamente ciego, fue capaz de cantar y componer su bellísimo Cántico de las criaturas. Es la alegría serena que irradiaba nuestro Padre Fundador a su alrededor, cuando estuvo en los largos años de encierro y muerte en el campo de concentración de Dachau. Es la alegría que es capaz de convivir y ofrecer las cruces y dificultades del presente, porque está basada en la roca firme del amor de Dios, en la fe en Jesucristo.

Es la serena alegría que nos da la FE en Cristo, la luz del mundo, que es capaz de iluminar con su luz potente incluso estos momentos de oscuridad. Nos dice Él en su Palabra: “en el mundo tendrán tribulaciones, pero ánimo, YO he vencido al mundo” (Jn 16,33).

Esta alegría la recibimos en este tiempo por medio de la oración, por medio de las gracias que nos concede Dios en cada Santa Misa, aunque no podamos asisitir en forma presencial. Esta serena alegría la obtenemos cuando en nuestras casas, como ahora, nos unimos en oración en familia y le pedimos a Dios que aleje las sombras del miedo, de la tristeza, de la desesperanza… Esta alegría nos la concede nuestra Madre, a quien la Iglesia la invoca con el hermoso título de “Causa de nuestra alegría”. Ella en esta hora nos ampara, nos cuida, nos bendice.

2.Queridos hermanos, queremos también agradecer por la alegría que nos dan nuestros seres queridos, las personas que amamos y nos aman: familiares, amigos, parientes, hermanos de comunidad, de grupo, de trabajo…etc. Cada uno de ellos es un regalo de Dios. En este tiempo sabemos que debemos cuidarnos y tomarnos muy en serio el aislamiento, no movernos, no salir de nuestras casas (#quedateencasa). Ello nos lleva a no poder visitarnos, reunirnos, vernos, abrazarnos… (los nietos no están con sus abuelos…los niños con sus amiguitos… los jóvenes… también los adultos). Es un sacrificio grande pero sabemos la seriedad de lo que estamos viviendo: está en juego la vida y la salud de cada uno de nosotros, de nuestro pueblo y de la humanidad.

Pero a pesar de esto, cada persona que llevamos en el corazón, es un motivo de alegría por el que queremos agradecer en este domingo: por mis padres, esposo/a hijos, hermanos, abuelos, amigos, parientes… Podemos agradecer que nos toca sufrir esta pandemia en esta época de la humanidad en que tenemos tantos medios para comunicarnos (hubiese sido muy distinto hace 50 o 100 atrás…). Los invito hoy a dar gracias por esa persona que amás, a decírselo: llamalo, mandale un mensaje, preguntale como está, decile que rezás por él, mandale un “abrazo virtual”, expresalo con gestos de cariño sincero en tu casa… quizás antes de esta pandemia, vivíamos todos corriendo, frenéticamente, podíamos visitarnos, pero no lo hacíamos, en esa carrera loca de la existencia en la que estábamos… no nos hacíamos tiempo para pensar en el otro. Aprovechemos este tiempo: ¡Alegrémonos por las personas que amamos y que nos aman!

3. Queremos agradecer por la alegría que nos dan todas aquellas personas que nos cuidan y se dedican a la salud aquí en el Paraguay y en todas partes: pensemos en los médicos, enfermeras, investigadores, en general todos aquellos que “en las trincheas” del ámbito de la salud están comprometidos heroicamente para poder salvar vidas y detener esta pandemia. Estamos orgullosos de todos ustedes y los acompañamos con nuestras oraciones.

4. Queremos agradecer por esas cosas que tenemos y que muchas veces las consideramos evidentes, y son verdaderamente regalos de Dios, y quizás en este tiempo de pandemia las valoramos de forma distinta. Aprovechemos este tiempo de cuarentena para reconocerlas y alegrarnos por todo ello.

5. Nos da alegría también ver tantos signos y gestos de solidaridad en nuestro pueblo. El pueblo paraguayo es generoso y solidario por naturaleza. Ante este “enemigo” común es bueno ver como nos solidarizamos, cómo en muchos corazones nace el compromiso solidario, el pensar en el otro y en el bien de todos. Las actitudes egoístas e individualistas que podemos ver nos dan tristeza y no nos van a salvar, pero sí el ayudarnos los unos a otros. Eso hace nacer la alegría en el corazón y fortalece nuestra esperanza.

En este domingo de la alegría dejemos que Cristo, la luz del mundo, ilumine nuestros corazones y fortalezca nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad.

Amen.

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