“Si hay un virus que tenemos que matar ya es el virus del egoísmo”

Queridos hermanos:

Estamos celebrando la santa Misa en este 2º viernes de cuaresma (13 de marzo de 2020) y de esta cuaresma tan especial. Por las disposiciones sanitarias del Estado ante la emergencia causada por el Coronavirus (Covid-19), como también, por las disposiciones de nuestros Obispos del Paraguay, no podemos celebrar la misa como lo hacemos normalmente, con la presencia de fieles (es raro para todos… esto duele…a nosotros y a ustedes…). Sin embargo, por la Eucaristía estamos unidos en forma espiritual. Ya que ustedes no pueden hacerse presente físicamente aquí, traemos todas las intenciones de ustedes, las que nos han hecho llegar, como las que tienen en su corazón. Cristo es la Piedra Angular de nuestras vidas, la roca, que, sobre todo en estos momentos, nos da firmeza, en quien ponemos toda nuestra confianza. A diferencia de los viñadores malos de la parábola que hemos escuchado (Cfr. Mt 21,33-46), nosotros en estos momentos le decimos al Señor que lo necesitamos, que sin Él no podemos vivir, que Él es nuestra roca y nuestra fortaleza.

El Señor es nuestra Roca. Queremos poner nuestra fe y nuestra vida en Él, en su palabra. Si no podemos venir físicamente al Santuario, o a cualquier otra Iglesia para participar de la Misa, podemos alimentarnos de Jesús con la lectura de la Palabra. Queremos comer el “Pan de la Palabra de Dios”. El Domingo pasado, en que leímos el Evangelio de la Transfiguración de Jesús(Cfr. Mt 17,1- 8), les recordaba que el Padre Dios nos llamaba a que “escuchemos a su hijo”. Y bien, ahora, tenemos más tiempo para estar en casa, para estar en familia. Los invito a que leamos y “comamos” en nuestras casas el “Pan de la palabra de Dios”.

A Jesús nuestra Piedra Angular en estos días lo podemos recibir también por la comunión espiritual. Queremos hacer crecer en nosotros el deseo de recibirlo, de que Él venga a nuestro corazón. En esta misa, rezaremos esa oración de la comunión espiritual que dice en una parte: “ven ahora espiritualmente a mi corazón y llénalo con tu paz y amor”. Sí, en este tiempo, en que nos falta el Pan eucarístico en esta Cuaresma, -pues muchos por estos días no podrán recibir sacramentalmente a Jesús en la Eucaristía el Señor quiere hacernos desearlo a Él más y más todavía, y esto lo podemos hacer no sólo siguiendo esta misa por streaming… sino todo el tiempo: estando en casa, o trabajando, o cuando me siento solo, o preocupado, o si estoy aquejado por alguna enfermedad. Tan solo, debemos entrar a nuestro Santuario del corazón y desear y pedir que Jesús nos inunde con su Misericordia.

Jesús, nuestra roca, en estos días, nos dice: “Ánimo, soy YO, no tengan miedo” (Mt 14,27). Quizás por todo lo que estamos viviendo y lo que está pasando, no solo en Paraguay, sino en todo el mundo, podemos sentir preocupación, temor, ansiedad, inseguridad. Hoy Jesús en su Evangelio, en su Palabra, nos quiere decir: No teman, yo soy la roca firme, YO soy la Piedra angular de sus vidas, En mí tienen ustedes que basar su existencia en esta tierra: no en la bolsa, no en el dinero, no en las cosas materiales, en MI. Yo Soy la roca que les da seguridad y confianza. Nuestra Madre Santísima, en este Santuario nos enseña a confiar plenamente en Él. Ella, que en el Magnificat, cantó que la “Misericordia del Señor llega de generación en generación, a todos los que le temen” (cfr Lc 1,50), nos enseña a confiar ciegamente en la Bondad del Padre, que tiene en sus manos el destino de cada uno de nosotros… Ella nos enseña a ponernos con un corazón de niño en las manos del Padre Dios.

Hoy (viernes 13 de marzo de 2020), casualmente, recibí un video de una religiosa que vive en Italia. Ella les pedía a los niños de su escuela que preparen tortas en sus casas, con sus mamás y papás, -pues deben estar recluidos, todo ustedes saben cómo está la cosa en Italia-. Ellos escribían en la parte de arriba de la torta estas frases: “me quedo en casa” “todo terminará bien”. Yo pensaba al ver las caritas y las sonrisas de los niños: creo que esta pandemia, con toda la seriedad que tiene, nos debe convertir y ayudar a ser más como los niños, a ponernos como niños en las manos del Padre de la Misericordia.

Queridos hermanos. Los Templos, Santuarios, Iglesias están abiertas, aunque las misas no se celebren con la presencia de los fieles. Pero no nos olvidemos, cada uno de nosotros somos un Santuario viviente, cada una de nuestras familias, son Santuarios, Templos vivos, Santuarios hogares vivos. La familia es una verdadera “Iglesia doméstica” (cfr Lumen Gentium nº 11; Amoris Laetitia nº 86). Por eso en este tiempo, en que estaremos más en casa (Cómo se nos pide para evitar el contagio y la propagación del virus, y ésto es fundamental), aprovechemos para fortalecernos juntos en la fe y en el amor: esposo y esposa, padres con sus hijos, los hermanos entre sí. Seamos más y mejor “una Iglesia domestica”. ¡Familia: sé una verdadera y real Iglesia doméstica! Y no sólo en este tiempo de pandemias, sino siempre. Muchos de ustedes tienen Santuarios hogares. ¡Qué ellos sean realmente el centro de nuestros hogares, el centro de nuestras familias especialmente ahora!

Queridos hermanos, en tiempos de pruebas, nosotros tenemos un arma muy poderosa: el rezo del Santo Rosario (Recordemos las apariciones de la Sma. Virgen en Fátima, en medio de la primera guerra mundial: Ella pidió que se rece el rosario por la paz y por la conversión). Creo que esta pandemia puede ser un llamado, a tomar nuestros rosarios, no solo yo, o vos, sino todos nosotros, ya sea aquí en Asunción, como en cada rincón de nuestra Patria y en el mundo entero, y rezar con fe, como reza esa hermosa y antiquísima oración dedicada a María: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, nos desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, Virgen gloriosa y bendita”.

Recemos el rosario juntos, en familia, en nuestros hogares; recemos el Rosario en todas partes, aquí en el Santuario o en los Templos, o caminando, o trabajando… recemos por los que están enfermos del coronavirus y de otras enfermedades; recemos para que se detenga esta pandemia; recemos por los médicos y el personal de la salud que están atendiendo con mucha abnegación a nuestros hermanos enfermos; recemos por las autoridades civiles y religiosas que deben tomar medidas y decisiones en estos tiempos difíciles; recemos por los pobres y más vulnerables, por nuestros ancianos y niños; recemos por toda la Iglesia en este desierto cuaresmal tan particular que estamos atravesando; recemos por la conversión sincera y profunda a Dios de cada uno de nosotros y del mundo entero.

Tomemos muy en serio las normativas y disposiciones que nos llegan de parte de las autoridades gubernamentales, civiles y eclesiales. Esta pandemia la podremos controlar con la poderosa ayuda de Dios pero también, si cada uno pone lo mejor de sí, pensando en el bien común, en el bien del otro y no solo en sí mismo. Todos tenemos que colaborar y ayudarnos los unos a los otros. ¡Si hay un virus que tenemos que matar ya es el virus del egoísmo! Todos tenemos que poner el hombro para salir adelante…

Madre, con las palabras del Padre José Kentenich, te decimos: “Como tu Hijo, que durante su vida terrena saciaba el hambre y traía consuelo y salud a los enfemos, así con Él pasa ahora entre nosotros, bendiciendo en silencio, para darnos el inmenso poder de tus manos de Madre” (HP 507).

Amén.

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