Navidad: tiempo de gracia, renovación, alegría y paz

Queridos hermanos en la Alianza:

En primer lugar les envío a todos un saludo especial en estos últimos días del Adviento. Ya pronto celebraremos una nueva Navidad, una festividad y un tiempo especial, de gracia y renovación, de alegría y de paz, en el que anhelamos y esperamos con ardor el nacimiento de nuestro Salvador. Como rezaban los primeros cristianos recemos y digamos con fe viva y esperanzada: “¡Ven Señor, Jesús! ¡Maranathá!” (Ap 22,20; 1Co 16,20).

Contemplando el pesebre, adorando a Él en la Eucaristía, quiero invitarlos a todos a agradecer por el gran don que Dios nos hizo y nos hace siempre de nuevo: su hijo Jesús. Recordemos lo que nos dice su palabra: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Jesús, el Niño de Belén, el Emmanuel, el que es sostenido con ternura por los brazos de María, es el gran regalo que Dios nos hace en esta Navidad, y por eso lo acogemos con un corazón humilde, alegre y agradecido. Queremos ardientemente que Él sea formado, dado a luz en nuestros corazones (Cfr. Gal 2,19), en nuestras familias y comunidades.

Asimismo, los invito a agradecer por tantas bendiciones recibidas en este año; por tantas gracias con las que el Señor y nuestra querida Mater nos han bendecido en nuestra vida personal, familiar y comunitaria. Este tiempo de Navidad nos invita a una sincera gratitud para con Dios y para con los demás.

Al culminar este año volvemos la mirada atrás. Hace poco más de un año realizamos nuestra Jornada de Planificación y en ella formulamos como objetivo para el bienio: “vivir con coherencia, como apóstoles del Padre, cuidando la vida y la familia”. A la luz de este objetivo surgió el lema: “¡Sí Padre, apóstoles por la vida y la familia!”. En este año que ha trascurrido, nos hemos esforzado como familia de Schoenstatt en Paraguay a través de muchas iniciativas en llevar a la vida todo lo que implica este objetivo. En este sentido quiero felicitar y agradecer por todo lo realizado, pero al mismo tiempo, invitarlos a hacer un balance y una evaluación responsable, para ver qué cosas nos faltaron hacer o no las supimos efectuar con la suficiente generosidad y magnanimidad. El objetivo es tan desafiante y elevado, las dificultades que tenemos por delante como también la misión son tan grandes, que todo ello nos lleva a experimentar nuestra pequeñez como instrumentos. Con humildad, pidamos perdón y seamos más audaces y creativos para ver cómo podemos responder con más entrega desde aquí en adelante.

Con la fiesta de Caacupé, el pasado 8 de Diciembre, se inició en la Iglesia del Paraguay el Año de la Palabra de Dios. Es mi anhelo que podamos como Familia de Schoenstatt escuchar esta voz de Dios y dejarnos inspirar para ver como la llevamos a la vida. ¡Qué en este año, la Palabra de Dios, pueda arraigarse con más fuerza en nuestros corazones, en nuestras familias, ramas y diversas comunidades! Que María, nos enseñe a escuchar la Palabra, a meditarla, a dejarnos transformar por ella y a llevarla a la vida. Que la Palabra de Cristo habite en nosotros con toda su riqueza (Cfr Col 3,16) y sea criterio para nuestras opciones y acciones y nos lleve a una sincera conversión. ¿Cómo podríamos como familia de Schoenstatt poner mucho más en el centro la Palabra de Dios en este año, para que “ella pueda hacer arder nuestros corazones” como lo hizo con los discípulos de Emaús? (Cfr Lc 24,32).

A nivel de Schoenstatt internacional, este año 2020 estará marcado por los siguientes acontecimientos:

Por un lado, el 8 de diciembre pasado se inició el Año de la Mujer. En esa festividad, se conmemoran los 100 años de la consagración a la Mater de las primeras mujeres Gertraud Von Buillon y Marie Christmann. A partir de allí, con el tiempo fueron ingresando una cantidad innumerables de mujeres que enriquecieron con su ser, su aporte y sus talentos, en las diferentes comunidades de la Familia, a toda la Obra de Schoenstatt. Pensando en todas ellas, podemos referir estos versos de nuestro Padre: “tienen ellas los rasgos de la ternura y la pureza de Cristo, y no hay en ellas engaño, falsedad ni mentira. Van por los caminos de la creación pecaminosa como vivas y luminosas huellas de Cristo y de María” (HP no 278).

En este año, invito a las mujeres paraguayas de toda nuestra familia, a que sigan entregando la riqueza de su femineidad, su corazón generoso y cálido y sus talentos, para que puedan ser instrumentos cada vez más eficaces en la renovación de nuestra familia, de nuestra Iglesia, de la cultura y de la sociedad paraguaya. Para construir la “Nación de Dios, corazón de América” necesitamos una legión de santas mujeres que vivan generosamente su Alianza de Amor en todos los órdenes de la vida y puedan ser así un fiel reflejo de la bondad de María en todas partes.

En este 2020 asimismo, se celebran y conmemoran los 100 años de la Liga Apostólica. Todo jubileo nos llama a la gratitud pero sobre todo al compromiso por vivir nuestra Alianza de Amor en la vida diaria y a ponerla en práctica por medio de una seria aspiración a la santidad según el propio estado de vida como también por una fecunda y lúcida entrega apostólica. El mundo ha cambiado mucho en estos 100 años, pero permanece inalterable la urgencia del desafío de asumir la misión que nos legara nuestro Padre Fundador.

Asimismo, en este 2020 conmemoramos los 70 años de la fundación de la Campaña del Rosario y los 35 años de sus inicios en el Paraguay. Ambas fechas son significativas para toda la Familia nacional, ya que nos interpelan y nos llaman a renovar nuestro compromiso misionero y apostólico. El siervo de Dios, Don Joao Luiz Pozzobon, siguiendo una inspiración divina, se puso como dócil instrumento en manos de María, y de este modo surgió la esforzada “Campaña del Rosario”, que con el paso del tiempo se ha ido extendiendo por todos los continentes y que tantas bendiciones también ha traído a nuestro Paraguay. Siguiendo el ejemplo de él y el de nuestro Padre Fundador, estos jubileos quieren renovarnos en un amor ardiente a María y en nuestra disponibilidad filial e instrumental para con ella. María nos muestra la realidad de nuestra patria, la realidad dolorosa en la que viven tantos hermanos nuestros, y nos invita a que nos pongamos en sus manos para ser agentes de cambio y transformación. ¡Seamos fieles, seamos generosos, seamos audaces!

Queridos hermanos, desde el Santuario Joven les deseo a todos una muy bendecida Navidad. Imploro para ustedes la paz y la alegría, el amor y la bondad que nos trae el Niño Dios y asimismo les deseo un muy bendecido 2020. ¡Que en este año, marcado y signado con tantos acontecimientos, el Espíritu Santo nos lleve a todos a crecer en la fe, la esperanza y la caridad, como también en gracia y compromiso apostólico en la entrega del carisma! Desde el Santuario, con mi afecto y bendición sacerdotal.

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