Me encantaría contarles todo lo que vivimos en el congreso de CIEES hace algunas semanas, pero es realmente complicado porque se desarrollaron tantos temas en tan corto tiempo, pero les puedo contar lo que me hizo sentir, me hizo sentir que es posible, ¡Sí! Ser una sola persona, con nuestros más altos ideales en donde nos toque estar, ¡Sí! Es posible que es fácil, pues no, no es fácil, ni tiene porque serlo, pero no nos tiene que desanimar, porque nuestra Aliada quiere también ser nuestra social comercial, ¡Sí! Ella quiere reinar también en nuestros trabajos, en nuestros negocios, quiere guiar también nuestras empresas, sentar las bases de nuestros emprendimientos y guiarnos para ganar el pan de cada día de la manera más digna, y si podemos también transformar la vida de quienes el buen Dios nos encomienda como socios, colaboradores, clientes y todas las personas con las que compartimos el día a día laboral.

Si creemos que Dios nos creo para ser felices, nos regalo un ideal para que sea el sentido y el propósito de nuestras vidas, el trabajo no puede quedar fuera, no puede ser algo ajeno a nuestros sueños e ideales, le dedicamos gran parte de nuestro tiempo, es parte fundamental de nuestro ser como personas, así que si logramos unirlo, si en el trabajo encontramos la forma de caminar a la santidad, si con nuestras empresas podemos ser mejores personas y ayudar a los demás, si con nuestra profesión logramos acercarnos a nuestro Ideal Personal, ¿No sería esto tocar un poco el cielo con las manos? Yo, como soñadora que soy creo que es posible, por que Dios nos ama, por que nos regalo el trabajo como medio de santificación, y nos impulsa a esforzarnos más y más cada día.

Ser mejores empresarios no se puede tratar solo de nosotros o nuestras empresas se trata de trabajar juntos para vivir en una sociedad más justa, se trata de mirar al prójimo no solo como cliente o colaborador, ni de buscar solo superar los números que nos ponemos como objetivos, debemos contribuir a un nuevo orden cristiano de la sociedad, debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad como líderes de ser colaboradores de Dios en su obra redentora, no podemos desoír lo que nos gritan las voces del tiempo con las explosiones sociales en todo nuestro continente.

Lo más lindo es descubrir que no estamos solos, somos una comunidad numerosa, mucho más numerosa de los que nos imaginamos, contamos con valiosas herramientas, nuestro Padre Fundador nos dejó instrumentos para enfrentar el mundo y para transformarlo, no adaptarnos ni dejarnos llevar, sino transformarlo, marcando la diferencia, siendo nosotros mismos agentes de cambio llevando la palabra de Dios al mundo laboral, siendo instrumentos del Señor en nuestros lugares de trabajo para construir entre todos una sociedad según el querer de Dios.



