Hoy 22 de octubre recordamos que en 1965 fueron anulados todos los decretos que pesaban sobre nuestro Padre Fundador y que habían sido causa de su separación y exilio de 14 años.
Él pidió que todos los días 22 del mes fuera un día de acción de gracias «por las obras magnas que Dios y la Madre de Dios obraron en la historia de nuestra familia».
Para el Padre, su libertad y el fin del exilio fueron acontecimiento sobresalientes que reflejan una realidad más profunda que estaba creciendo en Schoenstatt durante esos años de prueba: una profunda e innegable confianza y abandono en el poder de Dios para alcanzar la victoria.
Este cuarto hito también coincide con la solemne clausura del Concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965. El P. Kentenich, que estaba en Roma en ese tiempo, simbólicamente bendice la piedra fundamental para el futuro Santuario de Schoenstatt en Roma y predica sobre la participación de Schoenstatt en la realización de la misión del Concilio.
Que hoy nuevamente el Padre «sea liberado» por la aspiración de sus hijos a la santidad y Schoenstatt cumpla su misión en la Iglesia y el mundo.


