“Todo gran hombre es una carta de Dios para su tiempo, un mensaje para nosotros. … La vida de nuestro Padre y Fundador es nuestra carta de Dios. Su libro de vida es nuestro libro de Dios.”
Con estas palabras hace exactamente 51 años (20 de septiembre de 1968) el obispo auxiliar de Münster de aquel tiempo, Mons. Heinrich Tenhumberg, comenzó su prédica en el funeral del Padre José Kentenich.
Así expresó su experiencia: la vida de este hombre, de este sacerdote y fundador no fue solamente excepcional. Fue una vida, en la que Dios ha sido principio, centro y meta. Fue una vida con un mensaje de Dios para este tiempo.
Los restos del Padre se hallan en el lugar donde falleció, la Iglesia prometida a la Santísima Virgen en tiempos del campo de concentración de Dachau . El epitafio de su tumba, elegido por él, es “Dilexit Ecclesiam”, que del latín se traduce como “Amó a la Iglesia”.
En este video la hermana Petra cuenta como vivió la partida terrenal del Padre.


