Acabamos de regresar de Alemania y el corazón aún palpita fuertemente por haber visitado el Santuario Original por primera vez, así como varios lugares donde realmente pudimos vivir gracias fundamentales.
Ya al llegar al Santuario Original hemos participado de una misa con celebración de Alianza de Amor y renovación del Poder en Blanco, una ceremonia preparada por la Hermana Virginia y el Padre Alfredo que gentilmente nos acompañaron en la peregrinación y nos hicieron revivir los sentimientos de aquel 18 de octubre de 1914 cuando los primeros seminaristas junto con el Padre José Kentenich vivieron con la primera consagración.
Visitar los diferentes lugares por donde el Padre Fundador caminó, recibió gente, impartió charlas y retiros o realizó su tarea de sacerdocio llena nuestra memoria de recuerdos y emociones que difícilmente lo borraremos.
Pero las emociones no paraban, rezar ante la tumba del Padre Fundador depositando gratitudes y pedidos nuestros y de nuestros hermanos, que desde el Santuario del Terruño nos acompañaban espiritualmente, fue primordial, ya que allí, en ese lugar santo, pedíamos recibir las gracias necesarias para seguir construyendo ese hombre nuevo, forjador de una nueva comunidad.

En la región de Coblenza hemos experimentado fuertes emociones al conocer la casa materna del niño José y poder renovar nuestros votos bautismales en la misma Parroquia donde él recibió el sacramento del bautismo, en una ceremonia cargada de una gran alegría, de sabernos hijos del Padre, así como el nombre de nuestro curso de la Federación nos indica. Conocer más sobre la vida de la Hermana Emilie fue también vital para realmente sentirnos pequeños ante tanta entrega hecha por la Hermana, realizando las tareas que el Padre Fundador le encomendó.
Durante la peregrinación impecablemente elaborada por un grupo de gente que no escatimó esfuerzo y con la orientación de la Hermana Virginia y del Padre Alfredo se celebraron diversos ritos, Alianzas de Amor, Poder en Blanco, Inscriptio e Implantación en el Jardín de María, cada uno de los ritos realizados en los lugares más representativos nos hicieron vivir la organicidad de la gracia de la transformación interior, cobijados en el corazón de nuestra Madre Reina, en sintonía con el pulsar y latir del corazón de nuestro Padre Fundador.

Todo lo vivido en ese “Lugar Hermoso” se fue preparando durante los días que antecedieron nuestra llegada a Schoenstatt y que fue una linda experiencia eclesial visitando lugares de una rica historia para el movimiento, para la Iglesia y para la humanidad. Hemos pasado por lugares que nos recuerdan momentos de grandes aportes al Capital de gracias y lugares donde realmente pudimos dimensionar la gran confianza del Padre Fundador, al vivir entregados a la fe practica en la Divina Providencia.
Por todo lo vivido junto a mi esposa Glaucia, con nuestros hermanos de curso, varios hermanos en alianza y nuestros asesores no podemos dejar de agradecer a Dios, a la Mater y a la misión de Profeta del Padre José Kentenich por tantas gracias recibidas.



