Misa celebración del Jubileo de Hoerde.
Queridos hermanos celebramos esta misa “María Reina de los Apóstoles” en este día en que conmemoramos el Jubileo de los 100 años de la Jornada de Hoerde (20 de agosto de 2019). La 1ª lectura de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,12-14; 2,1-4) nos habla de ese momento pentecostal en la Iglesia naciente: la primera comunidad de los discípulos, reunidos en oración con María, recibe el Espíritu Santo. Los que antes estaban encerrados, temerosos, desorientados, quedan llenos del Fuego del Espíritu: son encendidos por el Amor de Cristo y salen para llevar ese fuego y encender a otros, salen a incendiar el mundo.
La “caridad de Cristo los urgió” (Cfr. 2Co 5,14), los movilizó, los llevó incluso hasta dar la vida en el martirio. Como escribe el Padre Fundador: “imploraste allí para la Iglesia el Espíritu Santo, quien la liberó de las miserias de la mediocridad, la inició en la doctrina de Cristo y avivó en ella el espíritu de apóstoles y de mártires” (HP estrofa nº 212). En el santuario, en nuestro Cenáculo, cuna y la escuela de los apóstoles, estamos reunidos hoy para celebrar este Jubileo.
Hoy hace 100 atrás se hizo en Hoerde una Jornada que tuvo una fuerte impronta Un grupo de 24 jóvenes, solos, sin la presencia del Padre Fundador, deciden constituir la federación apostólica (¡Por eso de modo especial todas las federaciones de Schoenstatt celebran hoy su cumpleaños nº 100!). Schoenstatt pasa a ser un Movimiento apostólico. Ya no quedará encerrado en un grupito de seminaristas, dentro de los muros de Schoenstatt, sino que comenzará a abrirse, con una fuerte impronta laical, juvenil, apostólica. La llama y el fuego de la Alianza de Amor que se había encendido el 18 de octubre del 1914 comenzará a expandirse con más fuerza y encenderá cada vez más corazones y los conquistará para la Mater.
Los jóvenes que hicieron historia y estuvieron en esa jornada no eran “superhombres”, eran chicos normales, pero fueron y se supieron elegidos por la Reina para hacer algo. Y respondieron con generosidad, con magnanimidad. Hubiesen podido ceder a la ley del menor esfuerzo, haber preferido la comodidad, o la tibieza. Pero se decidieron a fundar una federación apostólica que busca “formar apóstoles laicos formados en el espíritu de la Iglesia” y que “aspira al máximo estado de perfección posible según el propio estado de vida y vocación”. Este paso decisivo hizo historia. 60 años atrás, esta misma actitud generosa y dispuesta para con la Mater de los primeros jóvenes hizo posible la fundación de Schoenstatt en Paraguay…
Ahora bien, queridos hermanos, no queremos solamente hacer una “memoria agradecida del pasado”. No solo queremos agradecer y alabar al Dios trino por tantas bendiciones. Hoy sobre todo, queremos mirar el presente y el futuro. Y nos preguntamos: ¿A qué nos llama hoy a todos nosotros el espíritu de la generación de Hoerde?
1) El espíritu de Hoerde nos llama hoy a ser apóstoles por medio de nuestra coherencia de vida y de nuestro testimonio. Queremos ser esos apóstoles de la Mater irradiando, contagiando, con lo que somos, con lo que hacemos, por la forma en que vivimos. El Papa Francisco nos recuerda una frase de San Alberto Hurtado: “ser apóstoles no significa llevar una insignia en el ojal de la chaqueta, no significa hablar de la verdad sino vivirla, encarnarse en ella, transformase en Cristo” (ChV nº175). Todo nuestro esfuerzo por la santidad de la vida diaria, en nuestra familia, en el trabajo, en el estudio, es nuestro primer apostolado.
2) El espíritu de Hoerde nos llama a ser apóstoles de Schoenstatt encendidos, entusiastas, alegres, convencidos. El P.F. Reinisch tenía por ideal personal: “ser un ardiente apóstol de Schoenstatt”. A veces nos puede pasar que demostramos nuestra fe o el amor a la Mater acá, dentro de estos muros, o en la comunidad misionera, o dentro de Magnificat. Pero cuando estamos en otros ambientes no nos animamos, nos mimetizamos, nos achicamos. Tenemos vergüenza de hablar de Cristo, o de comportarnos como la Mater esperaría de nosotros. “La caridad de Cristo nos urge” (2Co 5,14) a hablar de Él, a anunciarlo, a conducir a los hombres hasta el corazón de la Mater, sin cobardías ni timidéces.
3) El espíritu de Hoerde nos llama a ser apóstoles en comunión. Debemos formarnos, aprender más, compenetrarnos del carisma del Padre, profundizar nuestra fe católica, para saber “dar razones de nuestra esperanza” (Cfr. 1Pe 3,15). ¿Qué y cómo vamos a transmitir a los demás, si nosotros mismos no profundizamos en la fe, en el Evangelio, en nuestro carisma, en lo que nos ha legado el Padre Fundador? Esto supone también aspirar a un máximo cultivo del espíritu, llenarnos de Cristo, ser una imagen viva de María ¿Qué vamos a dar a los demás si estamos vacíos? ¿Cómo vamos a encender a otros si nuestro fuego está a punto de apagarse, o somos un témpano?
4) El espíritu de Hoerde nos llama a ser apóstoles en comunión. Los que estuvieron en la jornada eran 24 personas. Decidieron conformar una federación, un grupo cohesionado, unido. A partir de aquí surgirán las diversas comunidades y grupos del Movimiento apostólico de Schoenstatt. Los chicos de Hoerde nos enseñan que debemos ser apóstoles en comunión, unidos. Debemos luchar y trabajar juntos, aunar fuerzas… no perderlas o dispersarlas, compitiendo entre nosotros, o siendo autosuficientes. Nos necesitamos los unos a los otros. Nos debemos ayudar y sostener unos a otros, complementarnos, enriquecernos mutuamente. Hoerde nos mueve a ser “Cor unum in Patre” (“Un solo corazón en el Padre”). El gran sueño de la CAU del Padre debemos empezar a vivirlo entre nosotros mismos. Hoerde nos interpela a ser familia, a buscar con mas ahínco la unidad, la comunión, dentro y fuera de Schoenstatt.
5) El espíritu de Hoerde hoy nos llama a ser apóstoles laicos en medio del mundo: en casa, en el boliche, en la oficina, en el senado, en el despacho, en las aulas, en los hospitales, en el gimnasio, ante mi computadora, en las redes sociales. Los jóvenes de Hoerde eran laicos. Ya mucho antes del Concilio Vaticano II Schoenstatt comenzaba a despertar y motivar la vocación de los laicos en la Iglesia y en la sociedad. ¿Qué hacemos desde la fuerza de la alianza de amor para renovar, transformar nuestra casa, mi colegio, mi lugar de trabajo? ¿Qué estoy haciendo en concreto? ¿Qué hacemos día a día para ser pescadores de hombres, para ayudar a Cristo a salvar almas, para ayudar a la Mater a formar hombres y mujeres nuevas?
6) El espíritu de Hoerde nos llama a ser apóstoles al cuidado de la vida y de la familia. El contexto social y cultural de hace 100 años atrás era muy distinto al de hoy. El Padre Fundador nos hablaba que vivimos en tiempos de herejías antropológicas: el demonio quiere destruir la verdadera imagen del hombre y de la mujer, de la familia, del matrimonio según el plan de Dios. El enemigo especialmente quiere profanar y destruir “el santuario del amor y la vida” (San J. Pablo II) que es la familia. En este contexto, como dice nuestro lema, queremos empeñarnos cada vez más en defender la vida y la familia en todas las maneras posibles. ¡Y seamos creativos, seamos audaces, seamos consecuentes!
7) El espíritu de Hoerde nos llama a ser apóstoles comprometidos en la construcción de la Nación de Dios, corazón de América. Desde la fuerza de la Alianza, queremos luchar por un nuevo Paraguay, queremos luchar por una sociedad en donde reine la honestidad; por una sociedad más justa; por un país con igualdad de oportunidades para todos; queremos, cada uno desde su lugar, ayudar a superar la pobreza, la violencia, la corrupción… queremos ser apóstoles samaritanos que salen al encuentro del débil, del necesitado, del marginado, del niño o del anciano abandonado… En nuestros corazones se juega cada día la decisión por hacer del Paraguay una tierra de María y una Nación de Dios.
“La caridad de Cristo nos urge” (2Co 5,14), es la frase de San Pablo que eligieron los jóvenes de Hoerde. Esa caridad de Jesús nos moviliza, no nos deja indiferentes, ni tranquilos. La caridad de Jesús nos mueve a ser audaces y buscar nuevos caminos. El amor de Jesús, el amor de María, nos mueven a ser apóstoles en el Paraguay de hoy como fue la generación de Hoerde.
Amén


