El 15 de agosto es el día de la Asunción de la Virgen María, un acto que el Papa Pío XII definió como dogma de fe en 1950. Pero que se viene celebrando desde el siglo VII.
La Asunción hace referencia a cuando María sube al cielo al final de sus días. Por lo que se trata sin dudas de una de las celebraciones más solemnes de la Iglesia.
Como es tradición cada 15 de agosto, el Papa Francisco dirigió el rezo del Ángelus y luego reflexionó sobre la narración bíblica del Evangelio de San Lucas de hoy, «Solemnidad de la Asunción de María Santísima, la Virgen Santa» en la que la Madre de Jesucristo reza diciendo: «mi alma engrandece al Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador».
El Sumo Pontífice destacó que si queremos ser felices en la vida, es importante buscar cosas grandes, de lo contrario, nos perdemos en tantas pequeñeces.
«María nos demuestra que si queremos que nuestra vida sea feliz, en el primer lugar se coloca a Dios, porque Él solo es grande. Cuántas veces, en cambio, vivimos persiguiendo cosas de poca importancia: prejuicios, rencor, rivalidad, envidia, bienes materiales superfluos… ¡Cuántas mezquindades en la vida!», advirtió Francisco.

Por ello, el Santo Padre aseguró que «hoy María nos invita a mirar las ‘grandes cosas’ que el Señor ha logrado en ella». Y estas son las ‘cosas grandes’ que la Iglesia Universal festeja hoy: «María fue asunta en el cielo, pequeña y humilde, recibe en primer lugar la gloria más alta».
En este sentido, el Papa explicó que la Asunción de la Virgen María «es una llamada para todos, especialmente para quienes están afligidos por dudas y tristezas, y viven con la mirada dirigida hacia abajo», por lo que exhortó a siempre mirar hacia arriba.
«Miremos hacia arriba, el cielo está abierto; no inculca miedo, ya no es más lejano, porque en el umbral del cielo hay una madre que nos espera. Ella es la reina del cielo, y ella es nuestra madre. Nos ama, nos sonríe y nos ayuda con cuidado», sentenció.


