Me pidieron que escriba unos párrafos para definir y explicar qué son y cómo se hacen las Misiones Familiares de Schoenstatt, y empecé trabajando mi esbozo desde la razón y sus definiciones, hasta que sin darme cuenta me encontré en el ámbito del corazón y la alegría.
Las Misiones Familiares de Schoenstatt son una obra pastoral que, de la mano de María, tienen por objeto, llevar el mensaje de Cristo a cada lugar a misionar, promoviendo la oración en Familia y en Comunidad; apoyando a las parroquias y sus párrocos en el trabajo pastoral.
Están fuertemente marcadas por la esencia y vida de la familia. Involucramos a esposos, hijos, sobrinos, a su vez estos llevan amigos y otros jóvenes, formando familias misioneras. La familia misionera es enviada a compartir su testimonio y convivir con distintas realidades con el fin de establecer un vínculo entre la Iglesia y las comunidades a nivel país.

En la fuerza de la experiencia revivimos la vida en familia, desde lo más básico en lo cotidiano, en los quehaceres, hasta los vínculos más fraternos y cálidos de la conversación y escucha interesada, la alegría del juego y el canto, la convivencia con hermanos, la reflexión y paz de la oración; todo esto con el encuentro personal con Dios y con la comunidad y sus costumbres, haciendo que la Iglesia entre a las casas, recordando a la gente que Dios es un papá, y que está interesado en ellos, en su día a día; que no están solos; usando la alegría como principal fuente de comunicación.
Creo que la misión familiar busca romper muchos esquemas, ya que el ambiente en familia tiene una connotación que es algo que acoge, que da tranquilidad, tanto al misionero que forma parte, como al que recibe su visita. Esto provoca que las puertas de las casas se abran en mayor medida y sean menos las que se cierren.
La atmósfera de la misiones hacia adentro, es de actitud de servicio, tener algo en el corazón para poder transmitirlo, con la conciencia de que uno no puede hablar de Jesús y María si no los tiene adentro y que el apostolado más importante es llegar a los corazones de los niños, jóvenes y adultos con los cuales compartimos las actividades.

Algo que recalcar en esta explicación es que los más misionados somos nosotros los misioneros, somos nosotros los que llegamos al encuentro con la sencillez y calidez de las personas, que tienen incluso más alegría y espíritu de servicio que uno. Ese impacto de conocer a esas personas es muy grande, esta comunión nos vuelve a la realidad de que tenemos muchas cosas de más en la mochila, de que muchas veces nos complicamos más de la cuenta y necesitamos ser sacudidos, zarandeados, para darnos cuenta de las cosas; y eso exactamente hacen las personas con las cuales compartimos.
Como testimonio puedo agregar que la experiencia de vivir las Misiones Familiares Schoenstattianas ¡es imborrable!! En las MFS, la familia descubre la belleza de la familia. Y todos salimos beneficiados porque las misiones reparten muchos dones; fortalezas, sabiduría, consejos, inteligencia y piedad. La gracia es que TODOS crecemos en personalidad, nos metemos en la vida del lugar al que vamos, aprendemos, y valoramos la propia y la de los demás.
“¡Fuego de mi Patria!, ¡Tu Misión en mi CORAZÓN!”



