“Venid y comed” (Jn 21,12) fue el lema que escogieron Cristián Rodríguez, Francisco Bosch, Francisco Jensen, Cristián Sánchez, Gustavo Hanna, Gonzalo Villaseca, Domingo Errázuriz y Juan Pablo Cruz para su ordenación diaconal. La frase la pronunció Cristo Resucitado, junto al lago de Genesareth, donde invitó a sus discípulos a compartir la comida con Él, como signo de amistad y comunión. Ese gesto de amistad es el que Jesús, Pastor Eterno, tuvo para con nuestros hermanos al conferirle la ordenación diaconal.
La ceremonia de ordenación se realizó el sábado 4 de Mayo en Bellavista, Santiago de Chile, junto al santuario Cenáculo de Bellavista. Después de largos años de formación ellos recibieron el Sacramento del Orden en el grado del diaconado.
Recordemos lo que nos dice el catecismo de la Iglesia: “el Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del ministerio apostólico. Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado” (CIC nº 1536). En otro párrafo leemos: “los diáconos participan de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo. El sacramento del Orden los marcó con un sello «carácter» que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo «diácono»; es decir, el servidor de todos (cf Mc 10,45; Lc 22,27). Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad” (CIC nº1570).

En la misma ceremonia de la ordenación, el candidato, promete vivir el celibato, la castidad perpetua por el Reino de los Cielos, como lo hizo y enseñó Jesús (Cfr. Mt 19,10-12). En el caso de nuestro Instituto de los Padres de Schoenstatt, los seminaristas, por lo general, un día antes de su ordenación diaconal, se consagran para siempre a nuestra Madre y Reina, sellando el contrato consagración perpetuo, que implica también un contrato y un vínculo para toda la vida con la Comunidad de los Padres de Schoenstatt. Esta ceremonia se realizó en el Santuario del Colegio Mayor Padre José Kentenich, donde nuestros seminaristas iberoamericanos viven y realizan sus años de formación luego del noviciado.
Demos gracias a Jesús que sigue llamando a jóvenes para que lo sigan por esta vocación de especial consagración al servicio de la Iglesia y de las almas. Les pido asimismo, que acompañemos a los nuevos 8 diáconos con nuestra oración en estos meses en que ellos, en diversas parroquias, realizarán su práctica diaconal, esperando el momento de su ordenación sacerdotal. En medio de estos turbulentos tiempos en que vivimos como Iglesia, esta ordenación ha sido un signo de la Bondad de Dios, de la generosidad de la Mater y una profunda alegría y esperanza para la familia de Schoenstatt como para toda la Iglesia.



