El sacramento de la reconciliación

¿QUÉ ES EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN?

Es un sacramento, es decir, una acción sagrada, un “signo” eficaz, por el que recibimos la gracia divina, la vida de Dios en nosotros. En este sacramento recibimos especialmente su misericordia, el “perdón de Dios de nuestros pecados”. En el contexto de este sacramento recalco el hecho de “recibir” algo, en este caso, el perdón divino. Por ejemplo, yo puedo estar mal con alguien, puedo haberme enemistado, y voy y le pido perdón, pero esa persona me puede perdonar o no, ella es libre para darme el perdón o para no perdonarme.

A Dios podemos pedirle perdón todo el tiempo, podemos rezar e implorarle, pero en este sacramento tenemos certeza que Él nos perdona. Yo le expreso a Dios mi arrepentimiento y recibo de Él su perdón, su amor, su misericordia infinita, su gracia. El hecho de que sea a través de una persona humana -el sacerdote-, al escuchar la fórmula de la absolución, me da certeza que recibo el perdón de Dios.

El sacramento de la confesión es uno de los 7 sacramentos de la iglesia. Es uno de los llamados “Sacramentos de Curación”, porque nos fue regalado para sanarnos, para curarnos y restablecernos de las heridas que el pecado nos ocasiona. Los pecados nos hieren, nos lastiman, nos dañan, tanto a los que los cometemos, como a los que son víctimas, a los que reciben las consecuencias de nuestras malas acciones. Todo pecado es una ofensa a Dios, sumo bien y suma bondad. También el pecado tiene una fuerza destructiva que se expande en la sociedad, en la iglesia, en el mundo. El poder de la gracia de Jesucristo es infinitamente superior, por eso su gracia es “sanante”.

¿CUÁLES SON LOS NOMBRES QUE RECIBE ESTE SACRAMENTO?

Los diferentes nombres que recibe este Sacramento nos manifiestan algo de su esencia, de su particularidad, de sus efectos. Este sacramento con el paso de los siglos ha ido recibiendo varias denominaciones.

Aquí menciono solo algunas de ellas (Cfr. el CIC nn 1423-1424)

– El Sacramento de la Confesión: porque la declaración o manifestación de los pecados al sacerdote es un elemento central de este sacramento.

– El Sacramento del Perdón: porque, por medio de la absolución del sacerdote, el penitente recibe “el perdón y la paz” de Dios.

– El Sacramento de la Reconciliación: porque concede la “reconciliación” con Dios y con los hermanos; se restaura el “vínculo” quebrado y cortado por el pecado. “Re-conciliar” etimologicamente, proviene de re-unir, volver a juntar. El pecado implica siempre una “ruptura”, una separación, un quiebre. Por ejemplo, lo vemos ejemplificado en el relato de la caída de nuestros primeros padres (Cfr Gn 3,1-24) como también en la parábola del hijo pródigo que se aparta de su padre, de su casa y se va a lugares lejanos donde vive en la miseria (Cfr Lc 15,11-32).

– El Sacramento de la Penitencia: porque culmina un “proceso” personal y eclesial de conversión y de cambio. Etimológicamente la palabra latina penitencia “poenitentiae”, significa arrepentimiento, pena, dolor por una mala acción cometida. Y también con esa palabra se designan los actos que se realizan para manifestar el cambio de vida y la conversión.

¿QUIÉN INVENTÓ ESTE SACRAMENTO? ¿DE DÓNDE VIENE?

Comienzo con una pregunta: ¿La confesión fue un “invento” de un hombre? ¿Se le ocurrió a un Papa en algún momento de la larga historia de la Iglesia? ¿Fue ideado por los curas?

No, este sacramento fue instituido por el mismo Jesús. Sabemos por los evangelios que una de las cosas más hermosas e imprescindibles que Jesús hacía con su autoridad divina, porque era Dios, consistía en perdonar los pecados de los hombres. Por ejemplo, en el relato de la mujer pecadora narrado por el evangelista San Lucas (Lc 7,36-50). Después de haber recibido sus gestos de amor y ser testigo de su arrepentimiento y de su dolor, Jesús le dice: “tus pecados quedan perdonados” (Lc 7,48). Pero como a ella, Jesús ofrecía el perdón de Dios a todos los que lo buscaban.

Recordemos también el célebre y conocido pasaje en que cura y perdona al mismo tiempo al hombre paralítico (Cfr Mc 2,1-11). En ese relato del evangelio, vemos cómo primero Jesús le “sana” el corazón, con su perdón, su misericordia, y luego lo cura de su parálisis: “hijo, tus pecados te son perdonados” (Mc, 2,5). Y la gente, sobre todo los escribas y fariseos, reaccionan asombrados: “¿Por qué perdona los pecados? ¿Está blasfemando, solo Dios puede perdonar los pecados?”, Obviamente, no sabían que Él era Dios y podía realizar la maravillosa obra del perdón.

La enseñanza de Jesús sobre el perdón y la misericordia muestra su propio actuar y vivir: por ejemplo, en la conocida parábola del hijo pródigo que ya cité anteriormente (Lc 15,11-32), pero también en otras (Cfr Lc 15,4-10). Recordemos también el hermoso pasaje de la mujer adúltera (Cfr Jn 8,1-11): “yo tampoco te condeno, vete y nos peques más” (Jn 8,11) le dice Jesús a la pobre mujer que temía ser condenada por los hipócritas. Jesús, incluso, morirá perdonando a todos: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34), perdonará al buen ladrón (Lc 23,43). Su muerte en cruz es el gran acto de perdón de Dios a la humanidad entera, a cada uno de nosotros.

El mismo Jesús instituyó este sacramento. Y lo hizo en el cenáculo, en el mismo lugar donde instituyó la eucaristía y el sacramento del orden sagrado en la última cena. Según la narración del evangelio según San Juan, después de resucitar, se aparece a los apóstoles, y les dice: “Reciban el Espíritu Santo, a quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados, a quienes se los retengan, les serán retenidos” (Jn 20,19-23). Jesús le confiere a sus discípulos, los primeros obispos y sacerdotes de la Iglesia católica, este “ministerio de la reconciliación” (Cfr 2Cor 5,18). Esto se ha ido transmitiendo a través del tiempo en forma válida y legítima por la sucesión apostólica por medio del sacramento del orden sagrado.

Viví la alegría de la reconciliación con Dios en esta cuaresma.

Él te espera en tu parroquia y también en:

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  • Santuario Nacional de Tupãrenda: todos los domingos antes y durante la misa. Las misas se celebran a las 09:00 y 11:00 horas.
  • Santuario Terruño de Ciudad del Este: primeros sábados de cada mes de 15:00 a 17:00 horas y los primeros domingos de cada mes de 18:00 a 18:40 horas

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