La liberación del PK de Dachau

Durante los años de su prisión en Dachau, el P. Kentenich se había afirmado en la convicción de que su suerte personal estaba ligada estrechamente al destino del Santuario de Schoenstatt, hasta el punto de que él, prisionero allí, era prenda para la protección del lugar, pero también que la hora de su liberación llegaría tan pronto como el Santuario estuviera a salvo. ¿Era ésta una suposición caprichosa? ¡De ninguna manera!. Una mirada retrospectiva a su vida mostraba cuán unida estaba su vida al Santuario de Schoenstatt. Los años de su formación y los primeros como sacerdote fueron una preparación para el servicio en el Santuario de la Mater ter admirabilis y su misión. Pero desde el 18 de octubre de 1914, y en forma creciente, se puso de manifiesto que el cumplimiento de la misión que Dios le había encomendado lo ligaba inseparablemente al Santuario de Schoenstatt.

Si miramos los acontecimientos de esos días desde este punto de vista, es imposible no comprender cuán profundamente conmovía a los schoenstatianos el peligro que amenazaba al Santuario y, al mismo tiempo, la perspectiva de una pronta liberación del P. Kentenich. Testimonio de ello es la oración que él compuso para una novena que rezaron en común los grupos schoenstatianos de Dachau, que nos permite comprender la visión que el P. Kentenich tenía de Schoenstatt:

Mantén en alto el cetro, Madre, protege a tu tierra de Schoenstatt; eres allí la única reina; pon en fuga a todos los enemigos. Créate allí un paraíso, mantén encadenado al Dragón. Mujer vestida de sol, surge esplendorosa y álzate hacia la altura meridiana….”

Esta oración se rezó durante los nueve días anteriores al 25 de marzo de 1945 y, justamente ese día, el de la Anunciación a María, terminó la dominación del Tercer Reich sobre Schoenstatt.

Desde el 27 de marzo, el martes de la Semana Santa, se presentaron hombres del SS en el bloque 26, piezas N ° 2 y N ° 3. Después del habitual llamado de “¡ Atención!”, leyeron una lista de nombres y luego les ordenaron: “¡Todos los mencionados, empaquetar sus cosas y estar listos!” La primera reacción no fue de alegría sino de perplejidad apenas disimulada. ¿Los pondrían en libertad o los llevaban a un transporte? Sin embargo, esta vez la gente del SS tenía órdenes de dejarlos en libertad.

Desde el momento en que el P. Kentenich supo que el Santuario de Schoenstatt se había salvado, tuvo la firme convicción de que había llegado la hora de su liberación. De los informes del ejército, se deducía que el frente se había retirado ya lejos de Schoenstatt. Con todo, continuó sin interrupción su actividad en los grupos schoenstatianos. El Domingo de Ramos, había terminado una nueva y extensa obra: la Misa del Instrumento. El 29 de marzo (Jueves Santo) dictó la Consagración matutina; al día siguiente, Viernes Santo, el Angelus. Después de Pascua de Resurrección, el 4 de abril, la Consagración Vespertina. En 1945, el Domingo de Pascua de Resurrección fue el 1º de abril y la misa fue celebrada en la capilla del campo.

Al día siguiente, se realizó la renovación espiritual de la consagración del “Círculo de la mano”. Dado el estado de cosas, suponían que ésta sería la última celebración de este acto en Dachau. El P. Kentenich dio una plática en la cual llamaba a entregarse por entero a la misión que Schoenstatt tenía que cumplir en la Europa de posguerra. El lema de la plática decía: Procedamus in pace: in nomine Domine et Dominae Matris ter Admirabilis (Procedamos en paz, en el nombre del Señor y de Nuestra Señora, Madre tres veces Admirable de Schoenstatt).

El 4 de abril, el párroco Bauer, del “Círculo de la mano”, estuvo entre los afortunados que pudieron abandonar el campo de concentración; al día siguiente, el capellán Dresbach. Si seguían el orden alfabético como hasta entonces, y suponiendo que el P. Kentenich estuviera entre los que debían ser liberados, su nombre iba a ser anunciado al día siguiente.

El P. Fischer fue el primero en enterarse, y en la revista de la mañana, alrededor de las 6 horas, se lo comunicó al oído al P. Kentenich. Hasta qué punto él creía en su liberación, lo demostró en que ese viernes, a diferencia de su costumbre en el campo de concentración, ya se había afeitado antes de la revista. El capellán Kostron también estaba en la lista de los miembros del grupo del P. Fischer que ese día saldrían en libertad.

Las formalidades para abandonar Dachau, primero en la enfermería, luego en el cuarto donde se guardaba la ropa y finalmente en la sección política, duraban hasta tres horas. Después de darles almuerzo y una ración para dos días de viaje, un hombre del SS los condujo a la primera puerta del campo de concentración; 300 metros más allá, a la segunda. Cuando ésta se cerró tras ellos, recuperaron su libertad. Eran las 9 de la mañana del día 6 de abril de 1945.

El P. Kentenich, con el capellán Kostron, fue a la estación para averiguar la hora de salida de algún tren que lo llevara al convento de las Hermanas de Schönbrunn, que no estaba muy lejos.

El P. Kentenich había elegido Schönbrunn como primer lugar donde detenerse después de su liberación, porque quería estar un tiempo a solas consigo mismo. Estaba decidido a hacer todo lo posible por llegar a Schoenstatt lo antes posible. Por el momento, los combates no lo permitían. Sin embargo, decidió acercarse al frente de batalla, pasarlo, y seguir a Schoenstatt por detrás de las líneas de los aliados. Como prisionero liberado del campo de concentración, las tropas y autoridades aliadas no le pondrían obstáculos.

  1. Kentenich se dirigió, el 7 de abril, desde el convento de Schönsbrunn a Freising, situado más al norte. Ahí lo esperaban llenos de alegría algunos grupos schoenstatianos, que lo invitaron inmediatamente a dar una conferencia al día siguiente y a celebrar una misa con la juventud de Schoenstatt.

El 29 de abril, los libertadolas fuerzas norteamericanas ingresaron a Dachau. Treinta y dos mil prisioneros los recibieron con inmenso júbilo. El grupo del P. Fischer había terminado recién su reunión y cantó, el himno Schoenstattiano “Protéjanos, tu manto”. El estribillo “los tuyos no se hundirán” se mezcló con el júbilo de los liberados.

Finalmente, el P. Kentenich, después de largas semanas de espera, decidió emprender el viaje en un coche tirado por caballos, pero sucedió que cuando iban a ponerse en marcha, un automóvil se detuvo delante de la casa parroquial; de él bajó una persona muy conocida de todos los que allí estaban: el P. Alex Menningen. Llevaba el brazalete de capellán militar y detrás de él iba su hermano Hermann, que hacía de chofer.

La primera pregunta que el P. Menningen escuchó de su maestro fue: “¿ Cómo están las cosas en Schoenstatt?”. Emprendieron viaje  y así el P. Kentenich llegó a Schoenstatt, el domingo de Pentecostés 20 de mayo de 1945. Al llegar pudo celebrar misa en el Santuario de la Mater ter Admirabilis. 

Fuente: El Prisionero 29392, Engelbert Monnerjah

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