Para un schoensttiano, el estudio de la documentación alrededor de la Jornada de Hoerde constituye no sólo la adquisición del conocimiento de las bases constitutivas y los conceptos norteadores de la organización laica de nuestro movimiento, sino un retorno a la fuente, a los orígenes y a los sentimientos e ideas que el Padre Fundador habrá albergado en aquel tiempo. Tengamos en cuenta que la Congregación Mariana, hasta la guerra, se circunscribía a los
seminaristas.
¿Cuáles habrán sido los pensamientos del Padre Kentenich cuando a pocos meses de
finalizado el conflicto, un grupo de jóvenes ex soldados le plantea la formación de una agrupación mariana extramuros de la casa pallotina?
Por lo que leemos en las misivas intercambiadas, podemos colegir al menos tres de las características que lo acompañaron desde siempre.
En primer lugar, su fe práctica en la Divina Providencia que le muestra la propagación que tuvo la Alianza en el fragor del campo de batalla y lo mueve a la aceptación de la propuesta y el
incentivo a su puesta en marcha.
En segundo término, su visión de profeta que, a la luz de lo anterior, avizora la enorme potencia de evangelización que esta puerta abierta al mundo traerá para ese lugar “…más allá” de la casa, que señalara el 18 de octubre, apenas cinco años antes.
Y por último, el ejemplo vívido de confianza -estrella de su pedagogía- que apreciamos en su postura de consejo y sugerencia, lejana a la indicativa e impositiva y que se manifiesta con
inaudita fuerza con el anuncio de su ausencia a la misma Jornada, que causó estupor en los organizadores pero que para nosotros, en retrospectiva, se convierte en paradigma de aquella
pedagogía y la entrega incondicional a las determinaciones del Altísimo. ¿Seríamos capaces de hacer lo mismo?
Todo lo dicho hasta aquí explica por qué estoy tan complacido intelectual y espiritualmente con mi Familia de Schoenstatt y su preparación para el Primer Centenario de Hoerde en el
2019.
Porque nos hemos trazados metas concretas que buscando el cielo, tienen los pies bien plantados en el mundo; porque las áreas de desarrollo de esas metas van mucho más allá de la casa del propio Schoenstatt y se proyectan hacia las guerras que las voces de Dios en nuestro tiempo nos indican y porque con kentenijiana victoriosidad estamos confiados en el triunfo de la Mater a través nuestro.
La lucha por la vida y la familia es nuestro mejor homenaje a los muchachos de Hoerde.


