El orden de ser, determina el orden del actuar

«Coima, malversación, robo, mentira, fraude, corrupción…» son palabras que desayunamos en las noticias. Las vivimos o sufrimos en carne propia, en la facultad, en el trabajo o simplemente en la calle casi a diario ¿Qué es lo que puede alejarlas? ¿Cómo se reconquista la nobleza del alma? La respuesta podemos hallarla en esta recopilación de textos del padre fundador  José Kentenich y del sacerdote chileno Rafael Fernández.

“Vivimos en una época que confunde a la gente y destruye formas tradicionales de vida; es un tiempo en el cual se perfilan y colisionan terribles antagonismos y que somete a prueba el valor auténtico y la resistencia de los hombres. Una época de estas características es muy apropiada para discernir lo que la gente ha internalizado como valor de vida duradero y lo que es oropel, apariencia y máscara; para dilucidar lo que ha calado en las personas modelándolas en lo más hondo y lo que ha quedado en la mera superficie. Habrá observadores silenciosos que se pregunten con seriedad y meneando la cabeza: ¿por qué aun en grupos selectos tantos años de educación no fueron capaces de domesticar al “animal” que subyace en el hombre y desarrollar hasta en lo más profundo la nobleza que hay en él?. Ante tal panorama, se nos plantea de manera espontánea la siguiente pregunta: ¿cómo introducir reformas en esa situación?

El restablecimiento, la conservación y garantía del orden querido por Dios no puede lograrse por medio de destrucción o aniquilamiento, sino a través del ennoblecimiento, transfiguración y elevación de las inclinaciones, pasiones e instintos: Ordo essendi est ordo agendi.”

Fuente: Instrumento de María – P. José Kentenich – pag. 40-41, Título original: Marianische Werkzeugsfroemigkeit – Dachau 1944

Surge el desorden y la injusticia

Cuando el instrumento se revela y rechaza libremente la intervención de Dios en su vida-en la raíz del pecado siempre hay una rebeldía y una desobediencia-, se disminuye a sí mismo, convirtiéndose en origen de deterioro y desorden para otros. Al declararse autónomo, se “libera” del orden que Dios puso en la naturaleza; rechaza el orden de ser y la ley moral; con ello se convierte en un “pequeño dios”, que actúa según su propio arbitrio y antojo; sus frutos son entonces: el desorden y la injusticia, “el que no recoge conmigo, desparrama” (Lc. 11,23)

Dios nos creó y nos quiere libres, busca personas que quieran hacerse partícipes de su obra creadora y redentora, busca cooperadores, que sean “remeros libres” en su barca.

¿Quieres cooperar conmigo?, ¿quieres sellar una alianza conmigo?, ¿quieres crear historia conmigo?

Quien libremente se hace dependiente de Dios, sometiéndose a su sabio imperio, alcanza la plena realización de su ser. Su vida se convierte en una fuerza positiva y experimenta una ilimitada fecundidad.

En cambio, cuando desobedeciendo a Dios se separa de él, entonces su naturaleza se deteriora y su rebeldía acarrea la corrupción, tanto para sí mismo como para los demás.

Fuente: Espiritualidad del Instrumento – P. Rafael Fernández pag. 36-37

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