Para dar a los demás

Es bien sabido que cómo comenzamos un camino define muy bien cómo va a terminar, así, la manera en la que se comienza el año no puede ser de poca importancia, define el primer recuerdo, la primera sensación y el primer impacto, es el impulso que antecede a todo lo que se va a recorrer. Empezar el año misionando es cuestión de decisión y valentía, el querer entregar una parte de vos, todo lo aprendido en el año anterior, a todas esas personas que la Mater te pone en el camino, es así como se empieza.

Patria Pater tiene más de diez años y comienza a ser Schoenstatt en salida de nuevo,  esta vez en la ciudad de Ybytymi, llevando así más de cincuenta jóvenes corazones como instrumentos vivos de Dios y la Mater.

LA ALIANZA NOS LLAMA

¿Y qué es tan especial en esta misión? La peculiaridad es que permite a todos lo que la conforman, hablar un mismo idioma y sentir un mismo fuego en el corazón, compartir algo por lo cual cada uno entregó su vida a Schoenstatt y dio el salto más lindo y valiente que se pueda dar… la Alianza de Amor. La cultura de Alianza ayuda a todos, aún con todas las diferencias, con todas las personalidades, a compartir las bases de ese Schoenstatt soñado por el Padre Kentenich, ese terruño tan anhelado.

Nos llama a cada uno, a entregar ese ser amado por Cristo y la Madre Tres Veces Admirable, ese gozo de saber que los problemas que te turban, que no te dejan estar en plenitud, descansan en sus manos, de saber que hay alguien que comparte cada una de tus alegrías, de tus gozos y tus festejos, y que se regocija contigo; nos ayuda a mostrar el testimonio vivo del intercambio de corazones con María.

LA ALEGRÍA DE AMAR SIN MEDIDAS

Patria Pater propone, de maneras extraordinarias, quedarse vacío de uno mismo  y llenarse de Dios. Las limitaciones con las que nos podemos encontrar, como no tener agua, ni luz, pasan de largo y no se hacen notar a lo largo de la misión como algo pesado, no son un obstáculo para seguir dando. Se puede sentir en cada uno, con el corazón, como es fácil disponer cada entrega como aporte al capital de gracias.

La Mater nos plantea la llegada a cada familia como una manera de dar todo aquello que fuimos aprendiendo, nos dice que las caminatas dispuestas son solo decisiones suyas, que la estamos llevando donde Ella quiere estar. La formación adquirida durante todas las charlas, reuniones y demás son puestas en práctica cuando Ella decide darse y hacer hogar en cada lugar al que llega.

Además, se puede admirar el esfuerzo dedicado en cada taller de jóvenes y de niños que ofrecen los misioneros de Patria Pater , en ellos se observa la gracia de regalar Schoenstatt a los jóvenes de Ybytymi, teniendo un recibimiento radical que pareciera ser lo que necesitaban. En eso radica vaciarse de uno mismo, poder dar todo aquello que te dieron, al servicio de los demás. Llenarse de Dios, es lo más fácil. Darse cuenta de que cada persona misionada, cada risa, cada abrazo, es encontrar esa alegría de saber que uno nunca camina solo, nos permite descubrir que, en el quehacer cotidiano, podemos encontrar a Jesús en los pequeños detalles.

DE LOS NIÑOS ES EL REINO DE LOS CIELOS

Si algo nos puede permitir Patria Pater es compartir con la alegría de ser pequeño; el día de Reyes es algo que se prepara en grande. Todos los juegos, regalos, disfraces, teatros y más, valen la pena al ver dibujada una sonrisa en tantas pequeñas caras.

Dios se presenta en una manera diferente, nos invita a jugar y divertirnos. Se muestra como ese ser que irradia luz, pequeño y tierno, frágil, pero a la vez lleno de valentía. Salir al encuentro de este Jesús nos llama a hacernos nosotros también chiquitos para jugar con Él, a comprender que las glorias que muchas veces nos otorgamos, no son nada a sus ojos, que la importancia radica en el sentimiento.

De alguna manera nos ayuda a darnos cuenta de los pequeños detalles de la vida, cosas que, solo con el corazón de un niño podríamos comprender; nos hace ver, que las cosas que suceden en el día a día: las risas, dar la mano, contar un chiste, o solo tener calma en la mirada, son cosas que pasamos de largo, pero no dejan de ser actos de amor, de darse con los demás, de entregar a Jesús.

La misión no termina en los seis días, nos deja con las ganas de ser testimonio vivo de Dios y la Virgen, todos los días; nos llama a ser misioneros de la vida diaria, a entregar ese todo por el todo.

En cada acto cotidiano; a no solo golpear las puertas físicas para llevar a Dios, sino a descubrir en nuestro propio espacio, aquellas puertas de los corazones a los cuales la Mater quiere llegar, y poder llevar así, con disposición y pequeñez, el amor que a nosotros mismos se nos regala.

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