¿Mi llama es realmente suficiente para ir a Misionar?

Cuántas veces como católicos, pensamos que nuestra llama de Fe se va extinguiendo, que ya casi no quedan ganas de luchar contracorriente, todo se hace más pesado, y el día a día pasa a no tener sentido… es uno de esos momentos donde se pone a prueba el amor filial hacia el padre.

Antes de ir a las MTA me sentía así, y me llenaba de pensamientos de cómo iba a ir a misionar si mi llama no era suficiente para llegar a los demás, no me sentía preparada y pensaba en renunciar por cobarde, pero pronto la Mater me demostró que ella tenía un plan para mí en las misiones.

Todo empezó en la misa de envío. En el momento de la consagración, sentí un impulso ardiente en el pecho, hasta hoy en día no puedo explicar, con lágrimas en los ojos me dije a mí misma, es acá, verdaderamente es acá donde yo tengo que estar, mis miedos y dudas respecto las misiones quedaron en el pasado en cuestión de segundos y desde ese instante sentí PAZ, esa paz que sabes que sólo puede ser obra del Espíritu Santo.

Al llegar a la compañía y entrar en contacto con los otros misioneros, me alegre, por más de que no conocía a casi nadie se podía notar que todos estábamos conectados, todos ahí tuvimos la valentía de empezar el año de una manera distinta, de una forma de la cual nunca me voy arrepentir.

Misionar desde el día 1 del año, te hacer ver desde otra mirada la proyección de los 364 días restantes, te entregas de una manera radical, sería como despertarte con el pie derecho y hacer bien las cosas.

La manera de misionar única que tienen las MTA es que crea una VINCULACIÓN especial entre todos, particularmente con las familias misionadas. Sinceramente no me esperaba que fuese de esta manera, en vez de ir todos los días casa por casa y compartir una vez con cada familia, vamos a las mismas casas una y otra vez, haciendo un seguimiento más profundo y creando lazos fuertes con las personas del pueblo.

En esta experiencia me acerqué específicamente dos jovencitas, de ellas aprendí que por más de que uno viva circunstancias duras en la vida, uno debe ver las cosas buenas en ella. Las sonrisas de Sonia y Diana eran distintivas, casi podría decir que era la verdadera Mater en toda su pureza sonriéndome a mí, devolviéndome esas ganas y emociones que daba por perdidas.

Tanto me llegó la ALEGRÍA de estas nuevas amigas que toda mi forma de pensar cambió, en mi día a día se perdió esa magia de sonreír, de transmitir buena onda y empatía a los demás, pero como dije antes, todo esto era un plan que la Mater tenía para mí.

Con sentimientos y emociones encontrados, Sonia, no pudo contenerse y quiso también compartir un poco de lo que significó estas misiones para ella:

“Conocer la historia de la Mater, fue una de las mejores cosas que me pasó. Ella generó tanta paz en mí desde que los Misioneros me hablaron de ella, me devolvió esa Fe  que más o menos la tenía débil. Una de las cosas que nunca olvidaré es la representación teatral y el mensaje que dejaron una noche las chicas, las canciones me llegaron al corazón y las lágrimas se caían sin que me pudiera contener…  Todo lo que hicieron los misioneros fue genial, porque me enseñaron que a pesar de todo, lo mejor es, siempre seguir a Dios, no importa la edad, el sexo,  la carrera que uno tenga ni las responsabilidades cuando se le sigue de corazón al Padre.

Compartí y aprendí de personas geniales. La llegada de la Virgen María de Schoenstatt me llenó de alegría y magia el corazón.

Doy gracias a Dios por esta oportunidad tan grande que me dio de conocer a personas geniales cómo Vicky, Paty y Alexis, que me enseñaron muchas cosas buenas y me dieron su amistad en tan poco tiempo. Lo mejor para mí era verles llegar a casa porque sabía que algo bueno me iban a decir. Fue un gusto vivir un tiempo con ellos.”

Y con esto se resume más o menos lo que fue misionar en las MTA: “Paz, vinculación y alegría” las palabras que me llevo en la mochila de aprendizaje para la vida. Uno debe ir con el corazón predispuesto, no somos perfectos y nuestra fe puede parecer una montaña rusa, pero estoy segura que de esa llama a la hora de misionar y de todo lo demás se encarga Ella, la gran misionera que obró milagros en mi vida, y te aseguro que también obrará en la tuya si dejas todo en sus manos.

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