Conozco Schoenstatt en el año 2004 y la empiezo a vivir 10 años después.
El 4 de diciembre del año 2011, a las 18:30 se cumple uno de los hitos más fuertes en mi vida, sello una alianza de Amor a ciegas, una de las características que adoptó mi alianza fue esa, a ciegas.
Al ser a ciegas, me tomó 3 años entender el porqué de mi alianza, un descubrir bastante fuerte, y solo se logró con una gran experiencia de misión.
En el 2014 nos toca un nuevo ciclo en las misiones familiares donde tengo la tarea de ser jefe de la comisión encuentro con jóvenes. Comisión que me hizo amar realmente este estilo de vida.
EL INICIO DE UN GRAN DESAFÍO
Los jóvenes de Villa Hayes marcaron el rumbo de mi alianza. Por 3 años y un poquito más me tocó ir cada domingo a empezar a avivar eso que estaba perdido en la parroquia Virgen de la Victoria.
Las primeras idas fueron pensadas para fundar Schoenstatt en el corazón de ellos, pero con el tiempo ellos me hicieron dar cuenta que eso no era el anhelo que nacía de sus corazones, sino que era la de revivir la juventud de esa parroquia, que literal estaba extinguida, un párroco que ya no se interesaba por los jóvenes, misas a cargo de las señoras viejitas. Así se convirtió en una parroquia sin juventud.
Cuando me di cuenta de eso, se me vino la frase que el padre siempre decía, “Schoenstatt para la Iglesia”, y fue ahí donde deje a un lado mi anhelo y empecé a apoyarme en los sueños de ellos. Con todo el conocimiento que el movimiento me había enseñado, juntos empezamos a trabajar para que eso resultase.
Si puedo contar una anécdota de esta hermosa experiencia, fue la de poder vivir semana santa con ellos. Por 3 años me fui a su pascua joven metiéndome a pleno en su organización ya que esa actividad congregaba más 200 jóvenes.
Con un bolsón y una guitarra, encaramos esa aventura, y digo encaramos porque mi compañero de batalla siempre fue mi hermano Joaquín Machuca.

El día sábado santo, estaba direccionado a misionar, donde hacíamos un pequeño impulso, nos dividíamos en grupos y salíamos todos a misionar.
En la segunda pascua joven, antes de salir a misionar, yo agarro mi guitarra y empiezo a tocar la música “Misioneros”, por lo que al final de esa tarde, un chico llamado Nilton, se acerca a mí y me dice, te quiero mostrar algo y empieza a tocar, mejor que yo, la música misioneros, prácticamente un himno adoptado por nosotros.
Realmente me emocionó muchísimo porque yo no le enseñe y él lo aprendió solito con solo mirarme tocar.
Por 3 años se lograron varias cosas, más de 6 grupos juveniles que surgieron de pascua joven, una pastoral juvenil, un coro juvenil, más de 10 misioneros de la campaña del rosario, y por sobre todo una ermita conquistada por ellos.
Y con la ermita me quiero detener, porque era una tarde de domingo, fui más temprano a Villa Hayes para poder preparar la reunión de ese día, y me senté en la explanada de la parroquia, agarre mi alianza y dije: es por esto que soy aliado, para ser Schoenstatt para el mundo y por sobre todo tener un amor profundo a la iglesia, tal como lo tuvo el padre Kentenich.
Hoy mi alianza está enterrada debajo de esa Ermita, dejando como herencia esa entrega total por la juventud de Villa Hayes.
A partir de esta experiencia, doy mi entrega absoluta a la misión para poder así empezar a hacer historia.


