Peregrinar 32 km conquistando el Espíritu Santo

Peregrinar es descubrir que llevamos caminando un buen tiempo, toda una vida. Peregrinar es darse cuenta que el objetivo no es llegar a la meta, es alcanzar la plenitud del mismo camino que construimos. Camino que está fuertemente marcado por la confianza que depositamos en AQUÉL que se nos hace presente a cada paso.

Luego de 32 kilómetros, 6 paradas, casi 10 horas y muchísima entrega, el pasado domingo 4 de septiembre alrededor de 250 personas, entre jóvenes y adultos peregrinamos desde el Santuario de Tuparenda en Ypacaraí, hasta el Santuario Joven de Asunción.

Esta Caminata a la que llamamos “Santu a Santu” se llevó a cabo en el marco de los festejos del Jubileo por los 25 años del Santuario Joven de Schoenstatt.

La alegría de caminar en familia, de ver a las juventudes tomar la antorcha en sus manos y llevar el fuego de Schoenstatt al futuro, de ser instrumentos de María y repartir ese amor que nos llena el alma, no permitió que el cansancio tomé ningún tipo de protagonismo, al menos en los primeros 10 kilómetros.
Ni el frío, ni el sueño, ni el cansancio, nada parecía ser más que las ganas de ser Schoenstatt en Salida, de llevar a María y darla a conocer, de conquistar el Espíritu Santo.
Ni los bocinazos, ni la música de una eventual discoteca en el camino, nada era más fuerte que el latido de esos corazones jóvenes.

No obstante, para la mitad del recorrido, el agotamiento comenzó a adueñarse del cuerpo y las expresiones de cansancio comenzaban a aparecer. Recuerdo que el equipo no dejaba de gritar: “fuerza, falta poco, último esfuerzo”.
Estábamos atrasados en el cronograma, entonces habíamos acordado con el equipo, que el grupo de peregrinos que se encontraba más rezagado suba a los vehículos de apoyo y así podíamos llegar todos juntos y evitabamos dispersarnos aún más.
Para nuestra sorpresa, nadie quería subir a los vehículos, podíamos ver lo adoloridos que estaban, podíamos sentir que las piernas ya no les respondían porque a nosotros tampoco nos respondían. Pero tanta era la entrega, que nadie iba a renunciar, nadie quería abandonar.


En el trayecto es difícil dimensionar lo que representamos al salir, llevar a la Peregrina, alzar las banderas, cantar, rezar, caminar en silencio. Ver como nos recibían y alentaban en cada parada, recibir abrazos de personas que tal vez no conocíamos diciéndonos: “ustedes pueden, sigan adelante”.
Escuchar la sirena de los bomberos, los aplausos y los gritos de las personas, alzar la mirada y ver que tan solo una cuadra nos separaba de nuestro querido Santu Joven.

Esa historia que nos contaron una y otra vez, de aquellos valientes que hacía 25 años hicieron el mismo recorrido para conquistar este Santuario en medio de la ciudad, cobró un sentido especial.
Habíamos llegado, lo hicimos gracias a ELLA y gracias a estos 250 locos que por SU amor, 32 kilómetros atrás, iniciaron un camino y encendieron corazones a cada paso.
¡Una locura de amor!
Estábamos a los pies de un Santuario, en donde latía más fuerte que nunca el corazón joven.

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