Santiago de Compostela es uno de los tres destinos principales de peregrinación del mundo, junto con Tierra Santa y Roma. Por lo que toda persona que se considera y ama ser peregrina sueña alguna vez con peregrinar a Santiago de Compostela, lugar donde se encuentra el sepulcro del Apóstol Santiago el Mayor y al que se llega a través del Camino de Santiago, ya sea a pie, en bicicleta o menos tradicionalmente a caballo.
Nosotros sin duda consideramos que nuestro estilo de vida matrimonial es marcadamente peregrino. Hace unos meses se hizo más palpable nuestro sueño de hacer «el camino». Con muchos ofrecimientos al capital de gracias fue tomando forma este gran sueño y también se fue formando nuestro querido grupo peregrino. Para aún más alegría y bendición, todos también hermanos en la Alianza, Mali y Christian Pampliega, el Padre Martín Gómez, Emilse Irala, Daniel Stanca de Rumania, Magdalena O’Connor de Córdoba y nosotros.
Empezamos el camino el 6 de septiembre en la etapa 28 del camino Francés, siendo la ciudad de Sarria primer testigo de nuestra aventura peregrina.
Desde el inicio quisimos darle a nuestra peregrinación, de la mano del Padre Martín, un carácter profundamente espiritual. No limitando el peregrinar al esfuerzo físico si no que como consecuencia de una búsqueda espiritual y de encuentro con Dios.
Cada mañana hacíamos un momento de meditación y oración, la primera media hora de la peregrinación la hacíamos en silencio y luego de la primera parada para descansar el rezo del Santo Rosario. Por las tardes el momento cumbre de cada día, la Santa Misa, fuerza y viático para el día siguiente.
Caminamos 118 kilómetros en 5 bendecidos días, en los que compartimos vivencias y espiritualidad entre nosotros y con otros peregrinos venidos de todas partes del mundo. En el camino aprendimos muchas cosas como que con muy poco se puede vivir perfectamente, cual es el sentido y el valor del esfuerzo, lo que de verdad importa y lo que no, a tener y aprovechar esos momentos tan cercanos a Dios que nos da la naturaleza y las personas que se cruzan contigo cuando menos lo esperas. Muchas historias, anécdotas, vivencias y encuentro, con los demás, con uno mismo y sobre todo con Dios marcaron nuestro camino y nuestras vidas.
Y luego de tanto regalo, cuando pensábamos que esos 5 días no podrían superarse llega la imponente primera vista a la Catedral de Santiago, ese mismo instante en que te das cuenta que has logrado tu objetivo, has llevado a tantos seres queridos y sus intenciones en tu corazón en cada paso hasta la meta y ahora tenés la certeza de que Dios les hará llegar toda su gracia, en su tiempo que es simplemente perfecto. ¡Es una sensación indescriptible!.
Recién llegados a Santiago tuvimos la Santa Misa en la Catedral, rezamos frente a la tumba del Apóstol y le dimos el tan esperado “Abrazo”. Y para continuar con los regalos, en la Misa de los peregrinos posterior a nuestra Misa pudimos ver el Botafumeiro “en acción”, el enorme incensario de la Edad Media que nos ha maravillado y emocionado hasta las lágrimas con su recorrido pendular frente al altar mayor y con el himno del Apóstol en los órganos barrocos actuando de fondo.
Cómo agradecer tanto, cómo honrar lo vivido, no nos queda más que vivir una vida digna de un verdadero peregrino del Camino de Santiago, así es… en lo que queda en este peregrinar tener un ¡Buen Camino!.
LAS HUELLAS DE OTROS PEREGRINANTES
“Realizar el CAMINO fue para mí un regalo largamente anhelado… encontré que el camino es como la vida con subidas y bajadas, fáciles y de pronto difíciles y ahí se cruzan personas que dejan huellas. El caminar estuvo acompañado de cansancio, dolor, sentirme limitada, pero a la vez con la presencia de Dios al rezar, llorar y agradecer rodeada de su creación. GRACIAS POR ESTE CAMINO RECORRIDO.”
Emilse Irala
El Camino de Santiago marcó para nosotros un HITO en nuestras vidas y en nuestro matrimonio. Significó ponerse en marcha, ir preparando juntos y con mucha antelación el cuerpo y el alma para ese tan anhelado peregrinar.
Una vez ahí, nuestras mochilas iban llenas de personas, anhelos e intenciones que fuimos entregándole a Dios en cada paso, en cada misa y en cada oración. Fue una experiencia realmente inolvidable, en el camino uno va soltando todo lo innecesario, todo lo superfluo y se puede experimentar a ese Dios de la naturaleza y de la vida que te envuelve en su paz y en su amor.
Sólo podemos darle gracias a Dios y a nuestra Mater por todo lo vivido esos días y pedirles que nos regalen la gracia de tener corazones “peregrinos”, corazones que estén siempre “en camino” y anhelantes de encontrarnos con ÉL.
-ULTREIA ET SUSEIA-
María Liz y Christian Pampliega
El Camino de Santiago marcó para nosotros un HITO en nuestras vidas y en nuestro matrimonio. Significó ponerse en marcha, ir preparando juntos y con mucha antelación el cuerpo y el alma para ese tan anhelado peregrinar.
Una vez ahí, nuestras mochilas iban llenas de personas, anhelos e intenciones que fuimos entregándole a Dios en cada paso, en cada misa y en cada oración. Fue una experiencia realmente inolvidable, en el camino uno va soltando todo lo innecesario, todo lo superfluo y se puede experimentar a ese Dios de la naturaleza y de la vida que te envuelve en su paz y en su amor.
Sólo podemos darle gracias a Dios y a nuestra Mater por todo lo vivido esos días y pedirles que nos regalen la gracia de tener corazones “peregrinos”, corazones que estén siempre “en camino” y anhelantes de encontrarnos con ÉL.
-ULTREIA ET SUSEIA-
María Liz y Christian Pampliega
Con inmensa alegría a principios de setiembre comencé a peregrinar con un grupo de aliados a María el camino del Apóstol Santiago. La experiencia de dar confiadamente un sí a esta aventura de varios días es altamente gratificante y muy recomendable. Gracias a la fe el camino se vuelve más importante y nos encuentra a solas con nosotros mismos y nuestra fragilidad… física y espiritual , si de pronto «nadie» esta a mi lado y dudo… ¿voy bien o me equivoque? solo hace falta alzar un poco la mirada y ahí está como una estrella brillante la indicación… ¡vas bien!!! Entiendo que hay muchas formas de hacerlo, en mi caso fueron días de disfrutar de la belleza del paisaje lleno de valles, subidas y bajadas, robles, helechos, huertas, eucaliptus, menta, olores, colores, pueblos detenidos en el tiempo, entre otras cosas. Una naturaleza que manifiesta la mano de su creador y que se regala a cada paso, para recorrer nuestra propia vida en sus alturas y bajones, en reflexionar que hubo grandes hombres que nos precedieron, que nos empujan a salir de la comodidad y lanzarse hacia cada paso del camino a encontrarse con Dios y saberse profundamente amado.
Hubo dolor, lágrimas, sueño y cansancio, pero también muchas bendiciones, Bea y Luis, Mali y Pampli, Emi, Daniel y el P. Martin sin duda transparentes de María y de su amor; reencontrarnos en los puntos de descanso, o en la maravillosa comida de la noche, reírnos, preguntarnos, planear el siguiente día es un camino que nos marca para siempre y al que estoy segura que todos quisiéramos volver. La misa diaria es algo impagable, el rosario y nuestras meditaciones, en fin, llegamos y una música endulza los oídos con gaitas que me recuerdan mis orígenes y a mi papá que me regaló la fe, Dios le pidió que lo hiciera y este gran hombre lo hizo. Gracias papi por la fe, gracias por tu vida .Gracias a mis compañeros del camino, sin ustedes no hay camino.
Magdalena O’Connor
