La gran fiesta de los niños

No hay amor más puro ni recompensa mayor como el recibir el abrazo de un niño.

“Quién quiere conquistar los corazones debe dar a cambio su propio corazón”

Para entrar al reino de los cielos debemos ser como niños dijo Jesús. Y es así, verdaderamente en el corazón de un niño no hay maldad ni egoísmo sino amor ingenuidad, frescura e inmensa bondad.

Soy Caro Cristaldo, coordinadora de la Campañita del Rosario, cuando la Mater me llamó a esta gran misión de amor como yo la llamo yo, me sentí muy feliz, servir a ella es un honor y hacerlo al lado de mis personas preferidas es un regalo.

Trabajo con niños hace 20 años, desde que tenía 15 años de edad, y a lo largo de mi vida pude darme cuenta que los niños son nuestros maestros y amigos. Ellos te quieren de verdad, te aceptan y sobretodo ven tu corazón no las apariencias como los adultos muchas veces lo hacemos, soy docente y catequista.

Recibo y aprendo más de lo que doy. Si quieres aprender algo y quieres ser mejor, escucha un niño, abraza un niño y convive con él, ellos nos ayudarán a ir por el camino del amor verdadero.

En Paraguay, el 16 de agosto festejamos el día de los niños, como en años anteriores la Campañita del Rosario, convoca a todos los niños misioneritos a nuestro querido Santuario Nacional de Tuparenda. El domingo 12 de agosto Tuparenda vivió una gran fiesta, un verdadero Schoenstatt, acudieron más de 600 niños de la Campañita del Rosario, de varias comunidades de todo el país.

Se vivió un momento de mucha alegría y emoción. Después de 3 años de conquista pudimos apreciar y disfrutar la fusión de todas las modalidades que forman parte de la Campañita, Misioneritos, monaguillos coro y danza.

La hermosa jornada inició con bailes y canciones donde los niños fueron reaccionando con mucho entusiasmo, luego partimos hacia la Iglesia Santa María de la Trinidad en peregrinación, participamos de una maravillosa misa donde cada comunidad pudo presentar el capitalario que fue conquistando durante este año, al término de la celebración eucarística realizamos el ya famoso abrazo al santuario de los chicos, que se volvió costumbre y tradición en esta Jornada Nacional. Los niños pudieron sentir el abrazo de mamá María y su hijo Jesús.

Luego llegó el momento de dividirnos por equipo mezclándose cada niño de cada comunidad para participar de una dinámica dentro de rincones en donde en cada Stand o puesto estaban Santos de diferentes épocas como: San Tarcisio, Domingo Savio, Beata Chiquitunga Guggiari, el siervo de Dios Joao Pozzobón, nuestro padre fundador José Kentenich, Ángel de la Guarda, el Papá Francisco, el Espíritu Santo, y por supuesto Jesús y la Mater, protagonistas de este gran día. En cada rincón  los niños iban aprendiendo un poco más de ellos, de sus vidas y enseñanza a través de juegos y diferentes dinámicas.

El día estuvo extraordinario, y fuimos llegando al cierre de esta gran jornada con un gran festejo, un concierto infantil preparado para los chiquitos, donde se mezcla alegría y entusiasmo.

Hoy quiero dar las gracias a todos los que dan su sí a la Mater, y sobre todo a los niños, mi gratitud a los esfuerzo y entrega de cada coordinador de todas las comunidad, todos hacemos que esto crezca cada día más, y sobre todo que los chicos crezcan con una linda experiencia de Iglesia.

Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el reino de los cielos.

Mi vida hace tiempo está consagrada a la Madre y Reina de Schoenstatt y a los niños, en ellos encuentro mi fuerza de continuar, de seguir luchando por más campanita del Rosario.

Siento que estoy por el camino correcto, a pesar de las dificultades, llevo presente conmigo las palabras que una vez me dijo un pequeño misionerito “Profe Caro, este es el camino correcto porque es el más complicado, pero estás a salvo porque vas de la mano de la Mater y llegarás muy lejos”

Todos los días aprendo que nunca hay que rendirse, que siempre sale el sol, debemos creer en nosotros mismos y tener fé. Estoy segura que la campañita seguirá redundando y pasará fronteras, porque los niños son semilleros para nuestro movimiento apostólico de Schoenstatt y nuestra sociedad.

Esta misión no es un apostolado para mí es un regalo de la Mater.

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