Homilía 18 de octubre 2021 en Tupãrenda
Queridos hermanos:
Estamos celebrando este día 18 de octubre aquí en Tupãrenda. El año pasado, debido a la pandemia, no fue posible hacerlo como estábamos acostumbrados. Pero si esta vez, por eso agradecemos a nuestra Reina de la salud que sea posible. Hoy celebramos con alegría, como familia de Schoenstatt internacional, los 107 años de la fundación de nuestro Movimiento. 107 años de aquella primera alianza de amor que nuestra Madre selló con el Padre Fundador y los jóvenes congregantes.
Por otro lado, como Movimiento de Schoenstatt en Paraguay nos alegramos de modo muy especial, pues hoy se conmemoran los 40 años de la bendición de nuestro querido santuario de Tupãrenda. La familia había escogido como lema en aquel tiempo: “Queremos erigirte una morada, un lugar donde habites para siempre”. Y eso es lo que sucedió. Y así lo hemos experimentado a lo largo de estos 40 años. La Mater se estableció en esta morada y estamos convencidos que Ella habita de modo especial. Este santuario se ha transformado en un hogar, en un lugar santo donde se une lo divino y lo humano. Se ha transformado en un verdadero cenáculo desde donde nuestra Reina ha enviado permanentemente apóstoles para forjar la nación de Dios.
Cuando hemos escuchado el relato, las crónicas, de la construcción del santuario siempre nos maravillamos con cuanto esfuerzo y entrega, con cuanto amor y sacrificio fue levantado este santuario. Las piedras pesadas, que se llevaban para ponerlas en los cimientos, eran acarreadas con un gran esfuerzo desde abajo. Así, piedra tras piedra, con muchos ofrecimientos espirituales y materiales,se erigió esta morada para la Reina.
Hoy, como ayer, queridos hermanos, nosotros, esta generación actual, estamos llamados a seguir construyendo, a seguir forjando, el santuario espiritual: nuestros corazones, familias y comunidades, la familia del Padre, la Iglesia, el Paraguay. Recordemos el objetivo que ha formulado la familia de Schoenstatt en Paraguay para estos 2 años: “Fortalecer la familia, comprometidos en el servicio, para forjar con audacia, honestidad y solidaridad la Nación de Dios”. Nosotros, en este Jubileo de los 40 años del santuario, como familia de Schoenstatt del Paraguay queremos comprometernos a forjar la nación de Dios, con el espíritu y la entrega de la generación fundadora, como también de aquellos hermanos nuestros que estuvieron hace 40 años ¿Cómo queremos construir y forjar la Nación de Dios?
1) Queremos forjar la nación de Dios viviendo con heroísmo nuestra Alianza de amor. Cada 18 de octubre debe ser una ocasión para renovarnos en nuestra entrega a la Mater. El santuario de Tupãrenda se construyó con la sangre del heroísmo. La Nación de Dios queremos forjarla con el heroísmo de nuestra alianza y del capital de Gracias. Y cuando digo heroísmo, me refiero a la generosidad, a la magnanimidad, a esa actitud que nos lleva a dar siempre un poco o mucho más de lo que podemos y debemos. Con el paso del tiempo, podemos caer en el riesgo de acomodarnos, de no ser generosos en nuestra entrega, de vivir nuestra Alianza en “piloto automático”. En un día como hoy renovemos el amor a nuestra Reina con un compromiso mayor.
2) Queremos forjar la nación de Dios con nuestra lucha cotidiana por la santidad. No podemos hablar de construir la nación de Dios, si no empleamos todas nuestras fuerzas para que Cristo sea el centro de lo más profundo de nuestros corazones, el móvil de todas nuestras acciones, el ejemplo a seguir en todas las dimensiones de nuestra vida. El amor de nuestra Madre hacia cada uno de nosotros, la entrega de tantos hermanos nuestros que nos precedieron y nos acompañan desde el Schoenstatt eterno, nos animan a seguir luchando por esa santidad de la vida diaria que exige nuestra Alianza de amor. La santidad de San Roque González y de la Beata María Felicia, santos paraguayos; el testimonio de vida heroico de nuestro Padre Fundador y de tantos hijos de Schoenstatt, nos interpelan y desafían a seguir sus huellas y su ejemplo.
3) Queremos forjar la nación de Dios fortaleciendo la familia. La familia es el gran don de Dios a la humanidad. En este santuario del amor y de la vida, aprendemos a amar a Dios y al prójimo, adquirimos los valores necesarios para poder ser felices y poder convivir y crecer como personas. En este tiempo en que de muchas maneras es amenazada y atacada la familia, con más razón queremos poner a Cristo, la Piedra angular, y a la Mater en el centro de nuestros hogares y hacer todo lo posible para favorecer una cultura que cuide y ame la familia, en todos ámbitos de la vida.
4) Queremos forjar la nación de Dios con el compromiso y el espíritu de servicio. No estamos en Schoenstatt simplemente para pasarlo bien o estar cómodos entre nosotros. Fuimos llamados por la Reina para trabajar en esta mies que es abundante y desafiante y en donde siempre hacen falta obreros generosos. Colocar piedras en la construcción de la Nación de Dios requiere un compromiso permanente, alegre, desinteresado. Queremos construir la Nación de Dios comprometiendo todo nuestro corazón, toda el alma, todo nuestro ser. Como el Señor nos lo enseñó, nosotros “no vinimos para ser servidos, sino para servir y dar la vida por los demás” (cfr Mc 10,45).
5) Queremos forjar la Nación de Dios con la audacia del amor que nos lleva a arriesgar y dar más, que nos lleva a ser creativos en cómo vivimos nuestro carisma. La audacia para luchar por la verdad y la justicia en todos los ámbitos; La audacia para no dejarnos llevar por la marea de la masificación y no pactar con la tibieza ni la mediocridad del relativismo. La audacia de vivir a la luz de la fe práctica en la Divina Providencia que siempre nos interpela, nos moviliza, nos desinstala y desacomoda para estar más libres y disponibles para la acción del Espíritu Santo.
6) Queremos forjar la Nación de Dios con la honestidad y la coherencia en todos los órdenes de la vida, comenzando en nuestros hogares, lugares de trabajo, de estudio, profesión, etc. Día a día queremos combatir toda forma de corrupción e hipocresía con nuestra honestidad, con esa actitud tan propia de san José, el varón justo, íntegro, en este año en que estamos llamados de modo especial a imitarlo y seguir su ejemplo.
7) Queremos forjar la Nación de Dios colocando día a día piedras vivas en la construcción de la unidad, de la comunión, de la fraternidad. El Papa Francisco nos ha llamado en su encíclica Fratelli Tutti a empeñarnos en todos lados por ser instrumentos de unidad y comunión. Hace 40 años atrás era más fácilsentirse familia, pues en el Movimiento eran muchos menos de los que somos hoy. Hoy no nos es fácil crecer en el espíritu de unidad 3 dentro de nuestra propia Familia. Pero, de todos modos, así queremos caminar juntos, valorándonos, sosteniéndonos y ayudándonos unos a otros. Dejemos de lado todo aquello que nos divide, que nos paraliza, que nos lleva a competir. Seamos cada vez más y con hechos concretos esa familia del Padre que él mismo soñó.
8) Queremos forjar la nación de Dios con la solidaridad concreta hacia todos los que más sufren. La pandemia nos ha llevado a experimentar nuestra fragilidad, pero también en muchas ocasiones nos ha llevado a abrir los ojos y acercarnos a los que están más necesitados. Han sido muchas las oportunidades para abrirse a los demás con un corazón solidario. Queremos hacerlo cada vez más. Desde el santuario, desde la fuerza de la Alianza, queremos salir como el Buen Samaritano con gestos y acciones solidarias hacia los hermanos que más sufren.
9) Queremos forjar la nación de Dios por medio de un apostolado incansable. En este 18 de Octubre le pedimos a la Mater que siempre nos implore el fuego apostólico, esa “caridad de Cristo que nos urge” (2Co 5,14), que nos moviliza, que nos lleva a servir y a entregarnos. Ese amor, que recibimos de modo especial en la Eucaristía, motor de toda misión y apostolado. Como Iglesia se ha iniciado recientemente el camino sinodal. Queremos involucrarnos en este proceso, ofreciendo nuestro carisma y poniéndolo a disposición de los demás, como también dejarnos enriquecer y complementar por otros. En nuestro Paraguay, queremos comprometernos activamente en todos los ámbitos para que sea realidad la Nación de Dios, por medio de nuestro apostolado y testimonio de vida atrayente y auténtico.
Queridos hermanos. La piedra fundamental del Santuario es una piedra de las reducciones jesuíticas. Es todo un símbolo que nos desafía profundamente. María quiere construir esa Nación de Dios, esa santa tierra mariana que anhelamos y soñamos. Ella necesita nuestros corazones y nuestras manos generosas. Respondamos hoy nuevamente con nuestro “¡Adsum!”, con nuestro ¡Aquí estoy, Madre y Reina de Tupãrenda! Desde el santuario, con María Reina, forjemos cada día con un amor fiel y generoso, la Nación de Dios.
Amén….
