Caminando por el Jardín del Padre…
…me puse a pensar en que hoy llegaron los Reyes Magos.
Sin lugar a dudas celebrar la Epifanía es una de nuestras tradiciones más agradables, ya que siendo niños disfrutábamos de los preparativos con el agua y el pasto y de recibir un regalito, por modesto que fuera. Con el tiempo hicimos nuestros propios niños y a ellos transferimos nuestra alegría.
Es que ese es precisamente el sentido más profundo de la festividad. Dios presenta y regala al mundo entero, a través de los tres extranjeros en Belén, a su niño; quien más adelante delega a todos la portación del regalo: transformar al mundo; ser sal y luz.
Como mi formación académica se dio por el lado de las ciencias, no puedo sustraerme de efectuar permanentes comparaciones entre cómo Dios escribió la creación y el desarrollo de la historia sagrada.
Resulta que tanto para generar una sal como para emitir luz, debe intervenir el más movedizo de los elementos, el Oxígeno. En realidad podríamos decir que si bien el Carbono es el papel sobre el que el Señor redactó la vida, el Oxígeno es la tinta que utilizó.
Si forma agua sacándole el Hidrógeno a un par de substancias, produce justamente, Sales; si reacciona enérgicamente con otras genera Fuego y Luz; y se entretiene oxidando rocas, metales, organismos inertes y todo lo que se pone a su alcance. Es el gran renovador del mundo natural.
Cada pensamiento que tenemos, cada movimiento que hacemos, cada función, por minúscula que sea que nuestro cuerpo realiza, implica una Oxidación (también su complemento la Reducción pero no nos vamos ahora a complicar con eso, lo dejo para complicarlos en el futuro).
De allí que, retomando mi lógica, afirme que Jesús y su Buena Nueva presentada a las naciones, sean el nuevo Oxígeno espiritual para la creación.
¡Una bendecida Epifanía para todos!
