Hay un cuento sobre el peligro de repetir los actos, sin reflexionar por qué hacemos tal o cual cosa:
«Cuando, cada tarde, se sentaba el gurú para las prácticas del culto, siempre andaba por allí el gato del ashram (lugar de meditación) distrayendo a los fieles. De manera que ordenó el gurú que ataran al gato durante el culto de la tarde. Mucho después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto. Y cuando el gato murió, llevaron otro gato al ashram para poder atarlo durante el culto vespertino. Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de un culto como es debido.»
La Jornada de Reflexión de la Familia de CDE. Fue el pasado 01 de diciembre y pudimos postgustar los pasados 19 años desde la bendición el Santuario del Terruño y pregustamos el próximo 20 aniversario y también el rumbo a seguir en el futuro,
Se trabajó con paneles y talleres que enfocaron la historia, el presente y futuro de una familia, una ciudad y una Iglesia distintas en cada generación, y culminamos con un fuerte acento sobre el carisma, tema necesario por la cíclica influencia de distintas corrientes y formas vigentes en nuestro ambiente.

¿Por qué una jornada? Para reflexionar periódicamente sobre la identidad y la misión de la Familia de CDE, pues siempre existe el riesgo que la estructura vaya acartonando, maniatando a la vida; que nos aferremos a normas, costumbres y que el carisma, la vida quede relegada, por lo que «hay que hacer», por el «siempre se hizo así», y sin darnos cuenta podemos convertirnos en lo que no queremos ser.
De las dudas al entusiasmo para el futuro. Valió la pena el esfuerzo de los dirigentes. Como otras veces en que se propone algo diferente, tuvieron que enfrentar las tradicionales: «Una jornada, noo….», «fin de año… es mala época»…, «la gente está sobrecargada…», etc.
Pero todo resultó magnífico, al final hubo un sentimiento unánime: «estaba haciendo falta volver a estas jornadas de familia, donde las ramas y comunidades, puedan encontrarse, intercambiar ideas, bailar, reírse». Lleva tiempo, esfuerzo, pero los frutos se verán en el futuro.

Algunos puntos destacados en los talleres de reflexión
El desafío del sentido de pertenencia. Solemos escuchar: «lo que heredamos de nuestros padres debemos conquistarlo para poseerlo».
En este aspecto, se mencionó, que el sentido de pertenencia va ligado a nuestro aporte material y que las nuevas generaciones ya encuentran muchas cosas hechas, que lo tienen sin esfuerzo y por ello les cuesta retribuir en la medida que van recibiendo, sea en lo económico, o en el dar su tiempo para la familia o el cultivo de la prontitud para responder a los pedidos y brindarse al servicio
El club social. Otro riesgo permanente es convertirnos en un club social, un club de amigos, donde el menú sustituya al itinerario formativo o a la espiritualidad. Estamos muy felices todos juntos, qué bien estamos acá, quedémonos entre nosotros pero con ello podríamos alejarnos de la vida de nuestras parroquias, dejando de aportar a la Iglesia local, la riqueza que recibimos en Schoenstatt.
El Padre Fundador se sacrificó por su familia. Él creó un movimiento apostólico no un club social
Los peregrinos… ¿son lo más importante? Siempre escuchamos que lo más importante son los peregrinos que llegan al Santuario. Si fuese así la pastoral debería tener los recursos suficientes para su labor. La familia debe apoyar a la pastoral con espíritu de instrumento, sin caer en los excesos de protagonismo.
Al ver estos desafíos uno podría decir: «Paren el mundo, me quiero bajar», pero son situaciones que siempre existirán en toda familia, por lo que no hay que dramatizar. Estas jornadas son para reorientar el rumbo, si fuese necesario.
Lo ideal es que en los próximos 20 años, podamos concentrarnos en lo importante, en la oración, en el cultivo de nuestro carisma y que no pasemos estos años discutiendo el color del gato, o si tendría que ser gata por la igualdad de género, o cuántas veces al día lo vamos a alimentar.
El tiempo dirá…

