Una Iglesia de puertas angostas

En esta semana se cumplen 204 años de la emisión y aplicación del decreto de Gaspar Rodríguez de Francia desvinculando la designación y administración de los sacerdotes diocesanos del Vaticano y cualquier otra autoridad eclesiástica, la expropiación de todas las propiedades inmuebles de la Iglesia, la prohibición de las congregaciones religiosas en el país, la eliminación del diezmo sustituyéndolo por el asalaramiento de los curas, con lo que pasaron a ser funcionarios dependientes económica y funcionalmente del gobierno, es decir, de él mismo como se jactaba.

La cosa no cambió para mejor durante los gobiernos lopistas si tenemos en cuenta que al inicio de la guerra de la triple alianza había apenas 110 curas en el país, de los que sólo 30 sobrevivieron a la contienda, muchos de ellos -como el mismo Obispo Manuel Palacios- hechos fusilar por el Mcal. López.

Recién hacia 1879 y mediante el trabajo del Delegado Apostólico Angelo di Pietro, el país pudo tener nuevamente un Obispo, Mons. Pedro Juan Aponte, con quien se reabrió el Seminario y se trajo a los religiosos lazaristas y a las Hermanas de la Caridad, reiniciándose la reconstrucción de la Iglesia paraguaya.

No fue sin embargo hasta 1929 cuando el clero se restableció e independizó plenamente con la creación pontificia de la Arquidiócesis de Asunción y las diócesis de Villarrica del Espíritu Santo y Concepción-Chaco.

Los vaivenes en la historia de nuestra querida madre Iglesia, si bien menos catastróficos, continuaron hasta nuestros días.

Como institución vive permanentemente atravesando puertas angostas como nos alertó el Señor y por tanto eso no nos debe desalentar.

En el pasado cercano quienes al menos parcialmente lo vivimos no necesitamos que se nos recuerden los vaivenes de nuestra política en las 5 décadas tras la Guerra del Chaco y su influencia tanto en la vida como en el actuar de la curia.

Irónicamente en los 30 últimos años, cuando la libertad de expresión y acción debería darnos un sosiego, el diablo metió la cola para que desde el seno de nuestra propia Iglesia hayan surgido ejemplos nocivos desde sus más altas autoridades episcopales hasta el presbiterio parroquial haciéndonos, a los laicos, realmente ardua la tarea de defensa.

Sin embargo los schoenstattianos, fieles al ejemplo de nuestro Padre Fundador, auscultamos permanentemente en búsqueda de la verdad y seguimos incólumes bajo la sombra desde donde se decidirán los destinos de nuestra Iglesia. 

Foto: Miguel Mora.

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